El dinero destroza el medio ambiente
Los que suelen defender a capa y espada el crecimiento económico suelen argumentar que solo los países ricos se pueden permitir la defensa del medio ambiente. Es decir, cuanto mayor sea la economía de un país, en términos de PIB, más dinero dispone para detener la contaminación, invertir en energías renovables y conservar la naturaleza. La creencia más generalizada es que sólo los ricos pueden vivir en sostenibilidad. Sin embargo, existen infinidad de razones para dudar de eso.

Lo cierto es que los países más desarrollados no solamente están saqueando sus propios recursos. Los desastres medioambientales causados por la industria petrolera no han sido producidos por la demanda ecuatoriana o nigeriana precisamente, sino por la sed de petróleo de las naciones más ricas. Por poner otro ejemplo, la deforestación de Indonesia es impulsada por la demanda de madera y aceite de palma del mundo rico.

Reino Unido realiza una importación neta de 253 millones de toneladas de dióxido de carbono, contaminación que se produce exclusivamente por el transporte de las mercancías que compra al exterior.

Los grupos ecologistas tratan de reducir la cultura que destruye el planeta, pidiendo que las tecnologías contaminantes antiguas sean sustituidas por las nuevas (granjas eólicas, matrices solares, aprovechamiento de aguas) que muchas veces su propia fabricación destruye todavía más los lugares naturales del mundo. Muchos han perdido sus sentimientos por la naturaleza, reduciendo el problema a un reto de la ingeniería. Han olvidado que se supone son defensores de la biosfera: en su lugar, tratan de salvar la civilización industrial.

Como ocurre con todas las culturas al paso del tiempo, la civilización industrial se hundirá cuando el agotamiento de los recursos y el cambio climático sean irreversibles. Pero por desgracia seguramente todo esto suceda pronto: no en este siglo y quizás tampoco en el siguiente. Es la herencia que vamos a dejar a las generaciones futuras, un mundo en el que cada vez será más complicado subsistir.

Si continuamos pensando solamente en el crecimiento económico, si no reducimos nuestra dependencia de los recursos primarios, nuestra civilización acabará con la biosfera y con todo el planeta. La conclusión es que el dinero destroza el medio ambiente. Y lo peor de todo, nadie parece tomarse el problema en serio. El tiempo se acaba.

Fuente original: George Monbiot en ‘The Guardian’
Traducido por Globalízate (Víctor García)