El hielo del Ártico podría desaparecer en sólo diez años
Si se cumplen las últimas y apocalípticas predicciones sobre el deshielo del Ártico, a esta región polar no le quedan ni dos telediarios. No, al menos, en su versión helada y nívea, lo que supondría una gran hecatombe medioambiental y el pistoletazo de salida para una colonización desaforada en busca de sus recursos naturales.

Hablamos de tiempos geológicos, para los que una década es cuestión de poco, de muy poco tiempo, porque justo diez años ha sido el plazo que científicos de la Agencia Espacial Europea (ESA, por sus siglas en inglés) estiman que tardará el Ártico en perder todo su hielo.

Estos análisis suponen que el deshielo que está sufriendo la región polar es dos veces mayor de lo que se creía hasta ahora. Lo que no varía ni un ápice es la dirección hacia la que señala el dedo acusador de tamaña barbarie ambiental. En efecto, el cambio climático era y sigue siendo la razón de este aceleradísimo deshielo.

Si ello ocurriera, no sólo habría drásticos cambios en el paisaje -empezarían a crecer palmeras, pinos y a deambular lobos donde antes había osos polares-, sino que muchas de ellas intentarían desesperadas fugas hacia ninguna parte, en busca del hielo perdido y desaparecido por siempre.

Los osos polares, por ejemplo, se enfrentarían en masa a tormentas en aguas abiertas huyendo de las zonas que fueran quedándose sin hielo, lo que para ellos supondría titánicos recorridos o, lo que es lo mismo, unas travesías suicidas, con resultados especialmente trágicos para los ejemplares más jóvenes y viejos.

Y, en general, el Ártico se convertiría en la pesadilla de Greenpeace, es decir, en todo lo contrario de su anhelado santuario de vida salvaje en la región, pasando a ser una zona de brutal explotación petrolera donde los desmanes humanos tendrían fea oportunidad de brillar, y no precisamente por su ausencia.

Los científicos del satélite europeo CryoSat-2, cuyo objetivo es monitorear el espesor del hielo en el Ártico, esperan que éste desaparezca en una década tras observar una pérdida de hielo de 900 kilómetros cúbicos el año pasado, lo que supone un 50 por ciento más de lo previsto por anteriores estudios.

Efecto dominó

Así, si los cálculos son correctos, el manto helado del Ártico podría desaparecerse por completo en el 2022, pero la situación no dejará de agravarse justo a partir de entonces. Por ejemplo, la falta del manto blanco hará que se refleje menos radiación solar, lo que recalentará la región aún más.

Ello, a su vez, provocará un aumento de la temperatura del agua y, con ello, aumentará su nivel, derritiendo a su vez los tremendos depósitos de metano que guarda el océano. ¿Consecuencia? De nuevo se provoca un efecto que empeora las cosas, pues el metano es un gas de efecto invernadero que liberado a la atmósfera también intensificará el calentamiento global.

No en vano, a nivel mundial, la vida de todo el planeta depende del Ártico, por lo que las consecuencias se dejarían sentir en todas partes de distinta forma. Y, por si fuera poco, añadamos el remate: la locura que se desataría a la hora de esquilmarlo con pozos petrolíferos y con la sobrepesca. Sin duda, un inmejorable ejemplo de cómo el ser humano es capaz de cargarse el planeta en menos que canta un gallo.