El lago de Tota en peligro
La laguna o lago de Tota se encuentra en Colombia, en el departamento de Boyacá, en el centro norte del país, y es uno de los cuerpos de agua natural más grandes de dicho país. A su alrededor, se puede visitar el Parque Nacional Natural Laguna de Tota, en el municipio de Cuitiva, vereda de El Boquerón, que tiene una extensión de unas 3,5 hectáreas y se localiza a una altura, sobre el nivel del mar, de entre 3.100 y 3.200 metros.

Dicen que el lago de Tota huele a cebolla. De hecho, el 90% de la cebolla larga que se consume en Colombia se cultiva en sus cercanías. Las condiciones climáticas y geográficas de la zona son ideales y, por su parte, el lago proporciona toda el agua que las cebollas puedan necesitar.

Los agricultores y, en general, toda la población de la zona, están preocupados: la región no puede sobrevivir sin la cebolla. Se cultiva desde hace años. Es su medio de vida y es parte de su cultura. Pero todo ello se encuentra en peligro.

Los químicos que usan los agricultores están contaminando el lago. De ahí que el lago mismo huela a cebolla. No sólo el lago, sino toda la zona. Acusan a los productores de cebollas de estar contaminando el agua con fertilizantes y pesticidas, además de invadirla para ampliar las plantaciones.

No es la única actividad humana que impacta negativamente al lago de Tota, que el pasado julio recibió un Globo Gris de la Red Mundial de Humedales, que lo califica como uno de los ecosistemas más amenazados a nivel mundial. Otra de las actividades que perjudica al lago es la cría de truchas en jaulones flotantes, muy criticada por los grupos ambientalistas.

Así que las malas prácticas en los cultivos de cebolla junca y los cultivos de truchas en jaulones flotantes, que arrojan todos sus desechos directamente al agua, junto al problema de las aguas residuales del municipio de Aquitania, están poniendo en grave peligro la supervivencia del lago.

Por último, existe un elevado consumo de agua por parte de varias municipalidades cercanas y, también, por parte de la acería Paz del Río (propiedad de la siderúrgica brasileña Votorantim), que consumen alrededor de 500 litros por segundo.