El Lago Ypacaraí sigue agonizando
Su nombre significa justo lo contrario de lo que ahora gritan sus aguas. Al profanado lago Ypacaraí (Ypa: lago, karai: bendecido) parece que lo ha mirado un tuerto, y no sólo porque su ecosistema tenga apenas un hilo de vida, sino porque la inoperancia política para detener el desastre ambiental que sufre es de auténtica antología.

Han sido mil las soluciones oficialmente propuestas para descontaminarlo, para acabar con la polución creada por la masiva concentración de algas tóxicas, basuras y demás contaminaciones, pero todavía no se ha aplicado ninguna, ni siquiera se ha dado una sóla por buena. Así van pasando los días, va empeorando la situación, la degradación biológica del lago, su agonía.

El quid de todo este despropósito que amenaza con destrozar de forma irremediable con un ecosistema tremendamente rico, -antaño lo era, al menos-, hay que buscarlo en la desgracia de que este lago paraguayo sea un recurso hídrico explotado sin escrúpulos. Aunque también es cierto que tanto el lago como su cuenca no sólo reciben basuras procedentes de la agricultura y la industria, sino también de la misma población.

El final de la cuenta atrás

En el caso del Lago Ypacaraí bien podríamos decir que entre todos están matándolo… y él sólo acabará muriéndose. No hay que ser un lince, ni mucho menos, para concluir que su nivel de destrucción hace ya tiempo que puso en marcha la cuenta atrás para su triste e indignante fin como entorno natural.

El Lago Ypacaraí sigue agonizando
Actualmente, la Comisión Permanente del Congreso de Paraguay declara en situación de emergencia al lago, medida que, supuestamente, habría de agilizar la entrega de fondos públicos para tomar las medidas de urgencia, aunque la opinión pública critica que estos pasos sean baldíos y nunca lleguen a concretarse en nada. De hecho, ésta no es la primera vez que existe un abismo entre el dicho y el hecho, como advierte la conocida frase.

En fin, sea como fuere, es decir, haya un mayor o menor trecho, lo importante es que el lago precisa de una actuación que la libre de la inmundicia que el ser humano le ha echado encima. Los responsables deberían responsabilizarse, valga la redundancia, y no recurrirse al dinero público de ningún modo pero, sobre todo, urge actuar. Ya.