El maíz puede adaptarse al cambio climático
En países como México, el maíz es algo más que un alimento básico. Es un símbolo de su cultura culinaria. Su cultivo es esencial para la economía del país y para la seguridad alimentaria. Pero, además, también podría servir para mitigar los efectos negativos del cambio climático. Habría que añadir que para ello no es necesario que las semillas estén genéticamente modificadas.

México cuenta con, al menos, 209 variedades de maíz. La variante blanca es la que más se consume, mientras que la amarilla se destina principalmente a usos agroindustriales. El cambio climático tendrá un impacto distinto en cada variante, ya que cada grano se adapta a condiciones específicas. Algunas saldrán favorecidas, otras perjudicadas.

Lo que hay que hacer, por tanto, es identificar las variedades que crecen en las condiciones más adversas y tratar de mejorarlas. Carolina Ureta, del Instituto de Biología de la UNAM, va a publicar sus investigaciones sobre este campo en un trabajo titulado “Efectos del cambio climático sobre distribución de maíz mexicano y sus parientes silvestres”. Han sido tres años de trabajo.

Según los datos que se desprenden de este estudio, se prevé una reducción en cuanto a la distribución territorial del grano en un 15% para 2030 y en 30% para 2050. La zona más afectad será el norte de México, ya que es la zona desértica y se verá afectada por la cada vez mayor escasez de agua.

En México, existen unos 3,2 millones de productores de maíz, de los cuales, más de dos millones, cultivan para consumo propio. El maíz blanco, para comer ellos ,y el grano amarillo, para alimentar a los animales. La previsión de producción se calcula en 23 millones de toneladas para este año.

Otro trabajo, realizado por Mauricio Bellón, David Hodson y Jon Hellin, y titulado “Evaluando la vulnerabilidad al cambio climático de los sistemas de semillas de maíz tradicionales en México”, concluye que la introducción de granos genéticamente modificados resulta una amenaza para las especies nativas. Existe la diversidad suficiente para poder crear medidas adaptativas sin necesidad de transgénicos.

Sin embargo, la Secretaría de Agricultura (Sagarpa) ha decidido avalar la siembra de maíz amarillo genéticamente modificado resistente al herbicida glifosato, dentro de un programa piloto, llevado a cabo por la multinacional estadounidense Monsanto.