El mar de Japón sigue contaminado
Greenpeace sigue analizando toda la radiactividad que pueda provenir del desastre de la central nuclear de Fukushima y recientemente ha denunciado que las nuevas mediciones de radiación de agua marina en las costas cercanas a la planta muestran que la contaminación en algas marinas es cincuenta veces más alta que lo que marca el límite oficial.

Esto sería un asunto de gravedad en cualquier país, pero lo es aún más en Japón, donde varias especies de algas marinas se consumen de forma masiva. Las autoridades japonesas ofrecen otros datos bien distintos y aseguran que la radiactividad se está dispersando o diluyendo. Acusan a la organización ecologista de analizar una zona marina determinada. De ser así, aunque sólo esa zona determinada esté contaminada, sería un grave problema.

Los datos que ha presentado Greenpeace han sido acreditados por laboratorios de Francia y Bélgica y muestran que hay una enorme cantidad de radiactividad que se está esparciendo a una gran distancia de la planta nuclear de Fukushima. La mayoría de los peces y mariscos de la zona presentan niveles de radiactividad por encima de los niveles legales para la contaminación de alimentos.

Otras pruebas advierten de que los pescadores también pueden encontrarse en peligro. Tienen un riesgo adicional por el manejo de redes de pesca que han estado en contacto con sedimentos radiactivos, materiales de cáñamo, como sogas, que absorben la radiación. Debería informarse de forma fiable tanto a los pescadores, como a sus comunidades y a los consumidores. Es esencial saber cómo y en qué cantidad la radiactividad afecta a sus vidas, recursos y ecosistemas. Para que cada persona pueda elegir libremente cómo actuar ante ello. Además, se debería dar información detallada sobre cómo protegerse uno mismo y a la familia de la contaminación.

Hace dos meses, la radiactividad de las aguas del mar cercanas a Fukushima superaba, en el caso de la yodina, en 4.385 veces el límite legal.