El papel y el medio ambiente
Algunos productos se han granjeado una injustificada fama como dañinos para el medio ambiente o poco sostenibles. Es el caso del papel, un producto que todos usamos varias veces al día y en contextos muy diferentes. La relación entre el papel, nuestro modo de vida y el respeto por el medio ambiente es más complicada de lo que parece a primera vista.

Los siguiente titulares se han podido leer en medios de comunicación o en publicaciones científicas e institucionales: “La lectura de un periódico en papel tiene menor impacto en el calentamiento global que la lectura de noticias en Internet durante 30 minutos” (Centro de Comunicación Sostenible de Suecia); “Las emisiones de gases de efecto invernadero del volumen mundial de spam cada año equivalen a las emisiones que produciría dar la vuelta al mundo en coche 1,6 millones de veces” (empresa de antivirus McAfee); “En España, las 430.000 hectáreas de plantaciones para la fabricación de papel almacenan 50 millones de toneladas de carbono equivalente” (Ministerio de Medio Ambiente, Dirección General para la Biodiversidad).

Estas afirmaciones son resultado de diversos estudios sobre la huella de carbono de productos, actividades y sectores, que, la Cadena del Papel (asociación que reúne a los principales sectores cuya actividad gira en torno al papel) ha recogido en una publicación, Árbol, papel, planeta. El papel contribuye a la lucha contra el cambio climático mediante el almacenamiento de dióxido de carbono, la reducción de emisiones en el proceso de fabricación utilizando energías limpias y renovables, el impulso de la cogeneración, las emisiones evitadas a través del reciclaje e incluso la sustitución de productos menos respetuosos con el medio ambiente.

El papel es un producto natural, que procede de materia prima renovable, el árbol, que, fijando CO2, produce madera, de la que se obtienen las fibras de celulosa con las que se fabrica el papel. El CO2 fijado en el árbol permanece en los productos papeleros, que son verdaderos almacenes de CO2. El papel, una vez utilizado, se recicla varias veces y cuando ya no es apto para el reciclaje puede utilizarse como biocombustible, al igual que la biomasa y los residuos del proceso de fabricación.