El Parque Nacional de Bosque Petrificado en Arizona
En pleno desierto de Arizona, en el norte del estado, se encuentra el bosque petrificado más extenso del mundo. Se trata de un enorme conjunto de troncos fosilizados de más de 200 millones de años. Alrededor, un paisaje árido. Un lugar único en el mundo.

Por una carretera, se pueden recorrer las zonas más emblemáticas de este Parque Nacional. Se puede acampar y hacer senderismo por la región, pero siempre teniendo en cuenta de que sólo hay agua en los núcleos de población habitados, así que es conveniente llevar una buena provisión y planear adecuadamente estancias largas.

Las temperaturas medias durante el día en verano pueden alcanzar los 38º C, mientras que por las noches la temperatura desciende hasta los 22º C. El enfriamiento se debe, como suele ocurrir en los desiertos, por la ausencia de nubes. En invierno, en enero, los termómetros señalan una temperatura mínima media de -6º C. El récord de la temperatura más alta jamás registrada en la zona fue de 42º C y, la más baja, de -33º C.

Los troncos, de una especie de conífera extinta (araucariozylon arizonicum), no son los únicos fósiles del Parque, aunque sí su máxima atracción. Aparecen partidos como si se hubieran talado por la mitad con una sierra eléctrica. Pero, además, hay otros fósiles, como más de doscientas especies de plantas del periodo Triásico. Por desgracia, se produce a menudo el robo de madera petrificada.

Se calcula que los primeros seres humanos de la zona llegaron hace, al menos, 8.000 años. Y hace unos 2.000 años ya se cultivaba maíz. Poco después, se comenzaron a levantar chozas que llegarían a formar pueblos enteros.

Se supone que los árboles cayeron en el Triásico Superior y quedaron cerca de la cuenca fluvial que existía en aquella época. Poco a poco fueron cubiertos por ceniza volcánica hasta quedar enterrados. De ahí su buen estado de conservación actual.
El Parque Nacional de Bosque Petrificado en Arizona