El plástico oceánico ocupa más de 16 millones de kilómetros cuadrados (casi como Rusia)
Se les llama parches o sopas de plástico, y son enormes áreas de objetos de plástico de todo tipo que van girando siguiendo las corrientes marítimas, abarcando buena parte de los océanos. Los animales, desde los peces hasta las aves, se los tragan, y su misma presencia altera los ecosistemas de un modo nefasto, afectando, lógicamente a la cadena alimentaria.

De hecho, según el Instituto de Investigación Marina Algalita en California, Estados Unidos, el 35 por ciento del pescado tiene plástico en el estómago, y muchos animales mueren por ingerirlos acaban heridos o quedan atrapados al engancharse en sus asas. Incluso ha afectado al zooplancton, el inicio de la cadena alimentaria en los ecosistemas marinos.

Sopas de plástico

Son un desastre ambiental sin precedentes, que obedece no sólo a los 100 millones de toneladas de desechos plásticos que generamos cada año, de los que el 10 por ciento acaba en el mar, sino también por la lentitud de su degradación, ya que el plástico necesita hasta mil años para degradarse. Actualmente, ocupan el equivalente a más de 16 millones de kilómetros cuadrados, casi el equivalente a Rusia.

Se dividie en cinco grandes áreas o islas de plástico que no podemos ver desde aviones o satélites a consecuencia del fenómeno de la fotodegradación orgánica, si bien al no ser biodegradables se crea la sopa de plástico, un auténtico desastre ambiental compuesto por residuos plásticos que van girando alrededor del mundo, contaminando los océanos de un modo insalvable. Hasta ahora, al menos, no se ha encontrado ningún sistema eficiente de limpieza.

El plástico oceánico ocupa más de 16 millones de kilómetros cuadrados (casi como Rusia)
Se espera que su crecimiento crezca exponencialmente en el futuro, por lo que la solución más práctica podría venir del lado de los bioplásticos. Sólo si los plásticos que llegaran al océano se degradaran podría evitarse su multiplicación constante. En concreto, las piezas más pequeñas preocupan especialmente porque son las que acaban ingeriendo los animales, con lo que ello supone de lacra ambiental y de peligro para la cadena alimentaria.

El plástico oceánico ocupa más de 16 millones de kilómetros cuadrados (casi como Rusia)
Sin embargo, aunque se apueste por soluciones factibles, no por ello debe renunciarse a una solución que ataque el problema de raíz, y a ser posible lo haga por doble partida: de un lado minimizar los plásticos y por otro maximizar su reciclaje y reutilización. Todo lo contrario, apelar apelar a la responsabilidad de los gobiernos y de las grandes empresas, así como a la conciencia de la ciudadanía es vital.

Serpiente de plástico en la ONU

Justamente, dar un aldabonazo a las conciencias y denunciar la situación es lo que pretende la obra de arte Garbage Patch State, que la artista italiana María Cristina Finucci ha expuesto durante este mes en el vestíbulo del edificio de la ONU en Nueva York. Hasta el día 19 de octubre seguirá expuesta su obra protesta.

Se trata de una instalación con forma de serpiente de colores creada con tapones de botellas de colores y botellas de plástico, emulando un gran “sopa de plástico”. Un Estado de plástico abstracto que la artista ha inventado para “resumir de forma gráfica el exceso de información que hay sobre la cuestión”.

El plástico oceánico ocupa más de 16 millones de kilómetros cuadrados (casi como Rusia)Compuesta de fragmentos microscópicos de residuos, hasta 46.000 por kilómetro cuadrado, la sopa de plástico real es muy distinta, sobre todo porque no tiene ese punto de alegría que la artista Finucci ha querido dar a su obra, con la intención de expresar esa esperanza que sigue estando ahí, esperando brillar cuando nos decidamos a empezar a solucionar el problema de forma efectiva. De hecho, la capa de ozono se ha conseguido reducir, y actualmente está recuperándose.

Mientras nos decidimos, sus miles de tapones y botellas de plástico son un recordatorio del trabajo que hay por hacer, así como del creciente peligro que supone no hacerlo. “Es un problema grave y urgente que nos involucra a todos, y que al mismo tiempo nos amenaza. Un lugar escondido en nuestra conciencia que emerge”, concluye.