El Proyecto Venus y la economía basada en recursos
El Proyecto Venus tiene como objetivo impulsar un nuevo modo de vivir, una visión alternativa para lograr un mundo sostenible y, a la postre, una nueva civilización basada en un modelo socioeconómico nunca conocido hasta ahora. Un modelo, en definitiva, que prioriza el medio ambiente frente al dinero, al poder, etc.

Para ello, es necesario cambiar el modelo cultural. Aspectos que han acompañado al ser humano desde el nacimiento de la civilazación, como la guerra, la pobreza, el hambre, las deudas y, en general, el sufrimiento, no se tienen que considerar sólo como evitables, sino como inaceptables. Tenemos la tecnología y los conocimientos necesarios para erradicarlos por completo de nuestro planeta, pero no lo logramos. Por tanto, el cambio se debe dar en la mentalidad, en la cultura.

El Proyecto Venus es una idea de los estadounidenses Jacque Fresco y Roxanne Meadows. El primero es un diseñador industrial e ingeniero social, y ambos residen en Venus, Florida, Estados Unidos, de ahí el nombre de su proyecto. El sistema que desarrollan fue bautizado como una economía basada en recursos.

Esta nueva economía sigue preceptos ecológicos: como las ciudades sostenibles, la eficiencia energética, las granjas colectivas, la administración de recursos naturales y la automatización avanzada. Todo ello, debe ofrecer beneficios a la humanidad.

Según Jacque Fresco, el mundo es lo suficientemente rico en recursos naturales y energía. Ello, unido a la tecnología y la aplicación de métodos científicos, debe cubrir sin problemas las necesidades básicas de la población mundial.

Aunque, en realidad, algunas de las ideas del Proyecto Venus ya se están llevando a cabo en el mundo, a pasos lentos, eso sí, otras son bastante originales. Por ejemplo, las ciudades en el mar. La idea es acomodar fácilmente a millones de personas y aliviar la presión sobre la tierra.

Ciudades en el mar

Algunas de las ciudades sobre el mar podrían servir como universidades oceanográficas, mientras que otras serían granjas marinas donde se cultivarían formas de vida marina.

Estas ciudades se construirían en tierra y, después, serían remolcadas a lugares en las que serían beneficiosas y serían ancladas al fondo del océano. Algunas estructuras podrían ser remolcadas por partes, al ser prefabricadas, y luego unirse en los lugares seleccionados. La construcción de estas ciudades incluiría cámaras de flotación.

Los edificios de apartamentos en alta mar estarían compuestos por acero, vidrio, titanio y otros materiales sintéticos. Estas ciudades permitirían aliviar la presión de la población en áreas como Hong Kong, Tokio, Los Ángeles o Nueva York. Los materiales serían capaces de soportar los efectos corrosivos del ambiente marino.

El Proyecto Venus y la economía basada en recursos

En estas ciudades se cultivarían plantas y se criarían peces y otras formas de vida marina para ayudar a satisfacer las necesidades nutricionales de la población mundial. El diseño sería no contaminante, como parte integral del medio ambiente marino.

Se usarían sistemas para evitar inundaciones y sequías. También se utilizarían métodos como la desalinización por evaporación para proveer a los habitantes de agua.

Energías renovables

Por supuesto, un sistema como el propuesto se tiene que basar en las energías renovables y limpias. Las mejoras en la tecnología permitirán su viabilidad. La energía geotérmica llegará a asumir el papel más prominente dentro de todas las renovables, ya que está disponible en diferentes regiones de todo el mundo, tanto en tierra como bajo el mar. Según Fresco, esta fuente de energía, por sí sola, podría proporcionar suficiente energía limpia para los próximos mil años.

Pero también habría estructuras submarinas que, a través de turbinas, generarían energía eléctrica limpia. Estas turbinas tendrían una rotación lenta y un separador centrífugo y deflectores para evitar daños a la vida marina.

La energía solar también sería parte de este sistema sostenible. Paneles fotovoltaicos que producirían energía que luego se almacenaría en baterías para su uso posterior, tanto en tierra como en el mar. La radiación que llega a la superficie de la Tierra cada año supone más de 10.000 veces el consumo de energía del mundo.