El río Potomac no ha estado tan limpio en décadas
Hay una regla en el periodismo que aconseja publicar noticias negativas porque despiertan más interés en el público. Como si lo positivo no interesara. Pero, de vez en cuando, habría que ofrecer alguna positiva, para que se sepa que no todo es malo y para que sirva de ejemplo.

El río Potomac, en la costa atlántica de Estados Unidos, mide, aproximadamente, 665 kilómetros y tiene una cuenca hidrográfica de casi 38.000 km2. El Potomac es el cuarto río más importante de la costa atlántica de aquel país. Más de 5 millones de personas viven en sus orillas, que transcurren por cuatro estados de la costa este de Estados Unidos (las dos Virginias, Maryland y Washington DC) hasta que desemboca en la bahía Chesapeake, que se convierte en un paraje espectacular en otoño. En fin, una joya paisajística y natural que, por fortuna, ha sido recuperado: en la actualidad, se encuentra en su estado más limpio en décadas.

Así se desprende de un estudio científico realizado por el Geological Survey de Estados Unidos que resalta las mejoras en una planta de tratamiento de aguas residuales en la ciudad de Washington que ha reducido la asfixiante presión del medio y la antinatural proliferación de algas. Como consecuencia de este mayor cuidado, el agua se ha vuelto más clara y limpia y las plantas autóctonas se están recuperando.

Los científicos han examinado un tramo de 89 kilómetros donde descubrieron que, desde 1990, la cantidad de uno de los contaminantes que más proliferaban en la zona se había reducido a la mitad. Además, la cantidad de pasto se duplicó, transformando el fondo del río en una especie de bosque bajo el agua, un hábitat perfecto para peces y cangrejos azules. Este estudio demuestra que el dinero invertido en las mejoras en la enorme planta de tratamiento de aguas residuales ha servido de algo. En la parte negativa, no ha sido tan fácil para las autoridades controlar la contaminación proveniente del excremento de ganado y los fertilizantes. The New York Times informó que el estiércol que generan las vacas de las granjas de Pennsylvania llega por la escorrentía hasta los arroyos y las corrientes que desembocan en la bahía de Chesapeake.