El ser humano es el gran responsable de la extinción de las especies
Es cierto que las especies pueden extinguirse (y de hecho lo han hecho en el pasado) de manera natural, sin que el ser humano haya influido en el proceso. Pero, en la actualidad, las actividades humanas alteran tanto la naturaleza y los ecosistemas que el proceso de extinción se acelera de manera exponencial por culpa de la especie humana.

Procesos como la deforestación, en los que el ser humano es el único responsable, lleva a las especies a una extinción unas cien veces más rápida que los procesos evolutivos naturales. Así lo afirman investigadores en un artículo publicado en la revista Science. Un ejemplo es la desaparición de los grandes frutos de los que se alimentan las aves de los bosques tropicales de Brasil. Las palmeras forestales de la región producen semillas más pequeñas, que tienen menos éxito de supervivencia.

El equipo dirigido por Mauro Galetti, de la Universidade Estadual Paulista en Sao Paulo, Brasil, ha estudiado el bosque usado para plantaciones de café y azúcar de caña. Se recogieron casi diez mil semillas de 22 poblaciones diferentes de palmeras de la especie Euterpe edulis. Después, analizando estadísticas, genética y modelos evolutivos han determinado que la ausencia de grandes aves, que son las que dispersan las semillas, ha sido la principal razón de la disminución del tamaño de la semilla.

Este proceso ocurre en otras partes del mundo. La desaparición de los grandes vertebrados de sus hábitats naturales producirá cambios sin precedentes en las trayectorias evolutivas de muchas especies tropicales. Los científicos estiman una extinción a una velocidad cien veces más rápida por la acción del hombre que por la evolución natural.

El ser humano es el gran responsable de la extinción de las especies
Las palmas produjeron semillas menores en las partes del bosque que habían sido usadas para plantaciones de café y caña de azúcar. Las aves grandes de pico boquiabierto o aquellas cuyos picos tienen más de doce milímetros de ancho, como los tucanes y las grandes cotingas, no las dispersaban. En cambio, en bosques donde el hombre no ha puesto su mano, las palmeras siguen produciendo semillas grandes, que pueden ser dispersadas con éxito por las aves. Además, las semillas pequeñas son menos resistentes a la desecación y soportan peor el cambio climático.

El cambio climático también influye

Los investigadores tuvieron en cuenta varios factores, como el clima, la fertilidad del suelo o la cubierta forestal. La conversión de los bosques tropicales para la agricultura, iniciada en 1800, que provocó que muchas aves grandes huyeran de la región, provocó una rápida evolución de las palmas del bosque que produjeron semillas más pequeñas.

A ello hay que sumar que, según las proyecciones climáticas, en las próximas décadas habrá períodos más largos de sequía y un clima más cálido, lo que va a perjudicar a los árboles tropicales que dependen de los animales para dispersar sus semillas. Según la investigación, el 80% de la biomasa de la Mata Atlántica, uno de los tipos de selva tropical más amenazados del planeta, se encuentra en peligro.