El texto final de Río+20 no incluirá ayudas financieras
Río+20 todavía no ha empezado y ya está fracasando. Al menos, es lo que se deduce claramente de las tremendas dificultades que tienen las negociaciones del texto final, que estos días intenta consensuarse en Nueva York entre representantes de los países que acudirán a la cita brasileña del 20 al 22 de junio. Pero una cosa ya es definitiva: el documento no incluirá un Fondo de Sostenibilidad.

Tantas esperanzas puestas en una cumbre que se pretendía histórica por sus objetivos y por recoger el testigo de la Cumbre de la Tierra, celebrada hace dos décadas, y éstas parecen desvanecerse. Es difícil sacar otra conclusión cuando, a tan sólo unos días de su celebración, los negociadores únicamente han sido capaces de ponerse de acuerdo en el 25 por ciento del documento final que se pondrá sobre la mesa durante el evento.

Mucha prisa han de darse o, para ser más exactos, mucha más flexibilidad han de tener para que se lleguen a acuerdos en asuntos importantes, que justamente son los que han provocado divergencias. Una de ellas, y el ejemplo no ayuda a ser optimistas, es decidir si los logros del pasado van a reafirmarse. Es decir, si los países van a mantener o no lo acordado en las negociaciones ambientales de la ONU desde 1992, en alusión a la Cumbre de la Tierra. Por lo tanto, no todos los países están de acuerdo en que la cita en Río suponga su reafirmación.

Money, that is the cuestion

En concreto, la manzana de la discordia radica en el principio que atribuye a los países “responsabilidades compartidas pero diferenciadas” en cuanto al medio ambiente, por lo que los países desarrollados tendrían una mayor responsabilidad histórica en la degradación del planeta que se traduce en una obligación de ayudar económicamente a los más pobres.

Ni que decir tiene que los países ricos son los que, grosso modo, se niegan a aceptar esa factura y que las naciones más desfavorecidas opinan justito lo contrario, como el Grupo de los 77 (G7) que integra a casi toda Latinoamérica, África y países del sur asiático. Otros asuntos que están provocando problemas son las formas de financiar el desarrollo sostenible y la falta de un acuerdo sobre el significado de la “economía verde”, así como el fortalecimiento de las instituciones medioambientales de la ONU.

¿Callejón sin salida? Los negociadores de las casi 180 delegaciones reunidas tienen poco tiempo, pues hoy termina el plazo para revisar el documento, titulado El futuro que queremos. Ese mismo documento es el que habría de conseguir adhesiones durante la conferencia Río+20. Está bien, como el evento aún no ha empezado seremos optimistas, y sólo diremos que empezamos con mal pie…