El turismo amenaza el frágil ecosistema de la Antártida
No hay nada que nos pare. Los humanos somos así de estupendos, no conocemos obstáculos a la hora de echar basura por doquier y nos plantamos en el fin del mundo si es necesario con tal de hacer turismo en plan destructor. Ya lo decía Ortega y Gasset, nuestro filósofo más internacional: es “la rebelión de las masas” y, según advierten científicos y conservacionistas, sus consecuencias son nefastas para el medio ambiente.

Nuestra estela no es precisamente la de una hermosa estrella fugaz, y es que el ser humano arrasa por donde pasa, en plan Atila, aunque hay que ser justos y reconocer que no siempre se causan problemas de forma consciente. Sin embargo, la suma de todos ellos causan estragos en los ecosistemas que, como la Antártida, están sufriendo el boom del turismo.

Así es, desde un punto de vista ambiental, hay que lamentar que la Antártida esté de moda como destino turístico. Considerada un lugar de ensueño por turistas de alma aventurera, su paso por aquellas níveas tierras se ha convertido en pesadilla para su fauna y flora.

Biodiversidad amenazada

“Necesitamos garantizar que las zonas protegidas de la Antártida no van a resentirse por la actividad humana, como la contaminación, la presencia humana o las especies invasivas”, advierten los científicos ante el creciente número de turistas que visita el continente blanco. Su presencia -de los 5.000 turistas en 1990 hemos pasado a los 40.000 – amenaza su frágil ecosistema, sobre todo porque la mayoría visita las áreas sin hielo, con lo que se concentran en menos del 1 por ciento de la Antártida.

En estas zonas es donde, precisamente, se encuentra la mayor parte de su biodiversidad, cuyo frágil equilibrio no deja de vulnerarse al carecer de protección, concluye un estudio financiado por el gobierno y la División australiana de la Antártida.