El volcán Eyjafjallajokull y el cambio climático. Segunda parte
Tambora hizo que el mundo se oscureciera perceptiblemente, lo cual afectó negativamente a la agricultura (las plantas no crecían) y la ganadería, provocando un período de hambruna. La erupción afectó al clima global: por ejemplo, en Francia, en los meses de julio a agosto la temperatura descendió unos 3 grados por debajo de la media.

Benjamín Franklin fue el primero en relacionar las erupciones volcánicas y el clima. En 1783 erupcionó el Hekla, volcán situado también en Islandia. Durante dos meses del verano de ese año, cuando los rayos del Sol debieran haber alcanzado su fuerza máxima, había una constante niebla sobre toda Europa y gran parte de Norteamérica.

“Esta niebla era de naturaleza permanente. Era seca y parecía que los rayos del sol no tenían poder para disiparla, como fácilmente hacen con la niebla húmeda… de hecho se volvían tan débiles al pasar a través de ella, que, cuando se recogían en el foco de una lente, difícilmente quemaban un papel. (…) La causa de esta niebla universal no se conoce todavía. Podría ser adventicia a la Tierra… o podría ser la vasta humareda que, durante largo tiempo continuó saliendo en verano del Hekla, en Islandia y de ese otro volcán surgido en el mar cerca de la isla, cuyo humo pudo ser dispersado por diversos vientos sobre la parte septentrional del mundo”

No sabemos todavía con certeza los efectos de la erupción del Eyjafjallajokull sobre el clima. La consecuencia más evidente y la que se está sufriendo actualmente es la enorme extensión de la nube de cenizas, extensión que va en aumento. Pero no hay que olvidar que toneladas y toneladas de hielo se están deshaciendo, no sólo en el glaciar que está encima del volcán, con el que comparte nombre, sino también en toda la zona. No podemos saber si son ciertas la afirmaciones que indican que se avecina un enfriamiento global. Lo que sí es cierto es que deberíamos aprender a agachar la cabeza con humildad ante el poder de la Tierra.