El zoo de San Diego abre un centro para desarrollar productos inspirados en la naturaleza
El zoo de San Diego, en California, acaba de inaugurar Bioinspiration, un curioso centro de desarrollo cuyo objetivo es observar la naturaleza para ayudar a fabricantes de todo el mundo a desarrollar productos inspirados en la naturaleza, tanto en las plantas como en los animales.

Todo parece muy utilitario, y a buen seguro que será el germen de ideas geniales, aunque espero que las éstas no vayan en contra de los pobres animales en ningún caso, muy al contrario de lo que ocurre con la dichosa manía humana de encerrarlos en zoológicos. En fin, sea como fuere, la vocación de esta iniciativa es ayudar a resolver los problemas humanos a través del conocido concepto de biomimética o biomimetismo.

Eso sí, aunque no ha inventado la gasolina, el San Diego Zoo Global Centre for Bioinspiration sí es el primer centro de biomimética basado en un zoológico, por lo que sus resultados también pueden ser interesantes, si no exitosos. Por ejemplo, la empresa Qualcomm está estudiando en este centro el reflejo de la luz en las alas de las mariposas para diseñar la pantalla de su futuro lector de libros electrónico.

El funcionamiento del centro, sin embargo, va más allá del acogimiento empresarial, pues tanto científicos del zoo como los mismos cuidadores de los animales se meterán de lleno en la tarea de observar plantas y animales en vivo para genera ideas, así como para ayudar a desarrollar gadgets y, en general, todo tipo de productos en colaboración con organizaciones y empresar de todo tipo.

Es decir, se convertirán en algo así como unos Leonardos da Vinci, emulando al genio renacentista en su estudio de la anatomía de las aves para diseñar su famosa máquina voladora que, por cierto, nunca llegó a volar. Siglos después, los hermanos Wright se inspiraron en las palomas para diseñar el primer avión en 1903.

Los ejemplos son casi infinitos, y abarcan desde inventos que quedaron en el olvido hasta otros tremendamente populares, que utilizamos cotidianamente. En este caso, lo bueno sería que alguno de los inventos, al menos, sirviera para ayudar a los animales. Por simple cuestión de ética y agradecimiento, más que nada. Aunque el mejor modo de hacerlo quizás sería dejando que ellos mismos nos observaran para poder inventar la manera de poner tierra de por medio.