Empresas modernas y empresas obsoletas
Muchas grandes empresas, grupos de presión y partidos políticos creen que el ciudadano no tiene nada que decir en cuanto a las decisiones que se toman para el futuro de este planeta. Pero es que si hay algo que nos afecta a todos es el aire que respiramos… y el que vamos a respirar durante los próximos años. A veces, los ciudadanos defienden lo que de verdad les importa.

Al menos eso es lo que han hecho los habitantes del estado de California, en Estados Unidos, que han votado contra la suspensión de una ley sobre calentamiento global en una consulta realizada el pasado martes 2 de noviembre. Dicha consulta fue propiciada por las compañías petroleras, que no estaban nada de acuerdo con los esfuerzos que estaba haciendo el estado por avanzar en el uso de energías renovables y por crear un mercado de compraventa de derechos de emisión de gases de efecto invernadero. Sin embargo, un 59% de los ciudadanos que votaron lo hicieron en contra de la Proposición 23, que hubiera supuesto la suspensión de dicha ley.

Si hubiera triunfado la Proposición 23, la Ley AB 32, ley medioambientalmente responsable, habría permanecido suspendida hasta que la cifra de desempleo hubiera caído por debajo del 5,5% durante cuatro cuatrimestres seguidos, algo casi imposible de que suceda, ni siquiera en este estado, el más rico de todo Estados Unidos.

Frente a las petroleras, surgió otro grupo que promovió la campaña “No a la 23”, que defendía la ley AB 32 porque permitía que surgieran empresas verdes que generan miles de millones de dólares en inversión, además de crear millones de puestos de trabajo. Este grupo defendía pues la ley, no sólo por los beneficios para el medio ambiente, sino también para la economía. Los del “No a la 23” fueron apoyados especialmente por las empresas de Silicon Valley, donde se encuentran muchas de las nuevas empresas de tecnología e innovación, y que tienen una visión muy diferente de la economía y del planeta a la que tienen las grandes empresas petroleras. Estas nuevas empresas de tecnología, de hecho, están apostando por instalar energía solar y eólica, así como por los biocombustibles y los coches eléctricos.

Lástima que en el resto de Estados Unidos, tanto por parte de sus ciudadanos como por parte de las empresas, no sigan el ejemplo de California.