En busca del silencio
Gordon Hempton es técnico de sonido y naturalista y se ha propuesto un objetivo: que todos volvamos a oír, a recordar, lo que vale el sonido del campo, lo que se oye lejos de las ciudades. Si vives en una ciudad no tienes más que abrir las ventanas y escuchar. (…) Suficiente. No es nada agradable. Por eso, entre otras causas, se diseñan los edificios herméticos. Para aislarnos del ruido de los coches, las obras, los gritos, los aviones que pasan volando, las sirenas. El ruido estresa. Y mucho. Aunque, por otra parte, crear edificios tan encerrados en sí mismos, sin corrientes de aire, también está creando problemas de salud.

Algunas personas están tan acostumbradas al ruido, que serían incapaces de dormir o de concentrarse en una tarea si se encuentran en un lugar donde el silencio lo invade todo, incluido tu interior.

“La gente teme al silencio como teme a la oscuridad”, afirma Hempton

Pero, en realidad, no hay silencio. Hay otros sonidos, sonidos a los que no estamos acostumbrados, más sutiles, que no producen ningún estrés, más bien todo lo contrario. Hay que aprender a escuchar el silencio. Y eso es lo que pretende Gordon Hempton. Para ello, se ha dedicado a registrar esa sucesión de pequeños e infinitos sonidos que son el pálpito del maravilloso planeta en el que vivimos.

Este ecologista acústico, como él mismo se denomina, se ha contagiado de la forma que tiene la naturaleza de hablarnos y él mismo habla en susurros y, de alguna forma, hipnotiza al que le escucha. No quiere sobrepasar los 60 decibelios. Micrófono en mano ha recorrido las Olympic Mountains, una cordillera situada al noroeste de Estados Unidos, en el estado de Washington. Un lugar que él llama el santuario del silencio. Él lucha por que, del mismo modo que se protegen los parque nacionales de la perniciosa presencia humana, se preserve de sonidos extraños a la naturaleza. Casi un imposible.

Recorre el mundo en busca del silencio, mientras escribe un tratado de geografía acústica. Para Hempton (y para cualquiera que esté dispuesto a abrir sus oídos), cada valle tiene un rumor distinto, un sonido que se crea con la altitud, con los árboles, los ríos y los arroyos, cada lugar del mundo ofrece una melodía distinta en cada estación del año.

Se habla, y últimamente más que nunca, de la contaminación atmosférica, pero la acústica también puede traer enfermedades como insomnio, ansiedad, estrés o elevada presión sanguínea. Cuando vayáis a un bosque o a cualquier otro paraje natural, además de verlo, escuchad.