En España se recorta todo, menos la contaminación
La contaminación es un problema de salud pública. Por tanto, son los poderes públicos los que tienen que llevar a cabo medidas eficientes para reducirla y proteger así la salud de los ciudadanos. Pero, en España, ningún organismo público, ningún Gobierno, ni el central, ni los autonómicos, ni los locales, hacen nada al respecto. Las dos principales ciudades del país, la capital, Madrid, y Barcelona, sufren estos últimos días niveles de polución cercanos a ocasionar problemas serios de salud para los habitantes de ambas ciudades.

Hace meses que no llueve y no hay viento. La polución se acumula y los coches salen un día tras otro. La situación es insostenible. No se puede esperar que la climatología resuelva el problema. Si vives en esas ciudades (o en otras con ese mismo problema) y estornudas a menudo o tienes otros síntomas parecidos, no te extrañes: tu cuerpo está reaccionando ante la cantidad de mierda que entra por tu nariz y se aloja en tus pulmones. El cuerpo es sabio y no quiere que esas partículas entren.

Mientras los ciudadanos van al médico, las Administraciones se culpan unas a otras. En Madrid, ocho estaciones rebasan los límites legales y algunos días casi se alcanza el nivel de alerta a la población, con picos de más de 350 microgramos por metro cúbico de dióxido de nitrógeno. En Barcelona, han vuelto a recuperar la medida de restringir la velocidad a un máximo de 80 km/h. Algo es algo, pero no es suficiente. Sólo dejando los coches aparcados se puede solucionar. ¿Es que nadie se va a atrever?

Pero no sólo son Madrid y Barcelona las zonas contaminadas. Otras nueve zonas incumplen la normativa europea en lo que respecta al dióxido de nitrógeno, un gas irritante que emite proviene principalmente de los tubos de escape de los coches.

¿Prórrogas para pedir prórrogas?

Bruselas permite pedir prórrogas para cumplir con la normativa. En vez de solucionar el problema, se pide más tiempo. Pero la incompetencia de algunos Ayuntamientos es tal que no son capaces ni siquiera de pedir una prórroga. A la cabeza, Madrid. Pero también Granada, la Comunidad Valenciana y el País Vasco no han sido capaces de realizar el trámite. ¿Necesitan una prórroga de la prórroga? Lo que demuestra todo esto es una total desidia ante lo que, sin duda, constituye el mayor problema medioambiental de las grandes ciudades.

Las Administraciones niegan la evidencia. ¿Qué se puede hacer ante esto? ¿No respirar? Deben presentar un plan de calidad del aire que detalle las medidas que aplicarán para cumplir la ley cuando acabe la moratoria. Esas prórrogas sólo se pueden pedir cuando se presenta un caso excepcional en el que no se es capaz de reducir la contaminación pese a haberlo intentado. La clave es que no lo han intentado. Señores responsables de las políticas de medio ambiente de las grandes ciudades, no estáis haciendo nada, no os estáis ganando el sueldo. Deberíais dimitir, dejar el puesto a alguien competente.

Madrid anunció con una campaña espectacular una ambiciosa estrategia para reducir la contaminación. Nunca la aplicó. Porque la política es marketing. No hace falta hacer nada, con anunciarlo es suficiente. En Barcelona se debaten entre hacer algo al respecto o no hacer nada. El anterior gobierno limitó la velocidad, aunque no sirvió de mucho. El nuevo gobierno derogó la medida… hasta que los niveles de contaminación han llegado a un punto inaguantable y se han visto obligados a volverla a aplicar.

Pero no hay que olvidarse del Ministerio de Medio Ambiente. La ministra Rosa Aguilar prometió en febrero un plan nacional de calidad del aire, pero nadie sabe dónde quedó esa promesa. En España se recorta todo, menos la contaminación.