En las profundidades de la Tierra hay una inmensa reserva de agua
“El agua cambia el modo en que un planeta funciona”, dicen los científicos que han encontrado la primera evidencia sobre la gran reserva de agua que esconde la Tierra. Se trata de un valioso e inesperado hallazgo de un mineral llamado ringowoodita que constituye la ansiada prueba de que hay una gran cantidad de agua en lo más profundo del planeta.

Investigadores de la Universidad de Alberta creen que el agua podría estar “atrapada” en minerales que se hallan en la corteza terrestre, en la conocida como zona de transición entre los mantos superior y el inferior, a una profundidad de entre 410 y 660 kilómetros.

La afirmación no es nueva, pero ahora cobra fiabilidad y peso para la ciencia gracias a la aparición de este mineral, una forma del olivino (un tipo de minerales que pertenece al grupo de las rocas ígneas) formado a alta presión que se creía inexistente en nuestro planeta, pues hasta ahora sólo se había encontrado en los meteoritos.

Un planeta dinámico

El hallazgo tiene revolucionados a sismólogos y geofísicos, pues nadie hasta ahora había podido demostrar su existencia, pero ha sido aparecer y ser la pieza que faltaba en el puzzle. Según afirma el líder de la investigación, Grahan Pearson, el hallazgo es un empujón a los últimos 50 años de trabajo científico, de un constante intento de tratar de entender la composición del interior de la Tierra.

En las profundidades de la Tierra hay una inmensa reserva de agua
Todavía es pronto para sacar conclusiones pero, por lo pronto, la aparición del mineral -fue comprado a unos mineros de Brasil- acabará con la polémica sobre la composición de la zona de transición, si está llena de agua o se trata de un desierto.

El estudio del vulcanismo y la tectónica de placas deberá replantearse muchas cosas si es que realmente existe agua bajo la corteza, tal y como parece demostrar este mineral. De hecho, “una de las razones de que la Tierra sea un planeta tan dinámico es la presencia de un poco de agua en su interior. El agua cambia el modo en que un planeta funciona”, concluye Pearson.