Energía desde bicicletas estáticas
La energía ni se crea ni se destruye. Sólo se transforma. Es la consecuencia del primer principio de la termodinámica. Así que de lo que se trata es de encontrar energía que se pueda transformar para el uso humano. Durante muchos años se han usado fuentes contaminantes y agotables, como el petróleo, el gas natural y el carbón. Pero el planeta y la propia supervivencia del ser humano no permitían que la situación siguiera así. Así que actualmente se contempla un futuro con energía limpias e inagotables provenientes del sol, del viento, de la fuerza del mar, etcétera.

Pero no hay por qué quedarse ahí. Si hay algo que caracteriza al ser humano es la innovación, la búsqueda de mejoras científicas, tecnológicas, la búsqueda, en definitiva, de un mundo mejor. Por eso, de vez en cuando a alguien se le ocurre una nueva forma de transformar energía, como, por ejemplo, transformar la energía producida por el propio ser humano al realizar ejercicio físico.

La compañía estadounidense Green Revolution es la que está desarrollando esta original forma de unir gimnasios y producción de energía. Vida saludable por partida doble: energía limpia y ejercicio físico para una vida más sana. El sistema se instaló por primera vez en 2008 en un gimnasio de Connecticut, Estados Unidos, para después extenderse a otros gimnasios en Los Ángeles, Nueva York o Washington.

En una sala con veinte bicicletas se pueden producir hasta 3,6 megavatios de energía limpia y renovable al año. Esto es el equivalente a la cantidad de energía que se necesita para iluminar más de setenta viviendas durante un mes, pero, además, se reducen en más de 2.500 kilogramos las emisiones de dióxido de carbono. Puede que no sea mucho, pero lo importante aquí es que no se desaprovecha esa energía que de todas formas se está liberando. La empresa Green Revolution ya tiene unos cuarenta clientes, entre Estados Unidos y Canadá, y más de mil bicicletas produciendo energía.

Las bicicletas estáticas del gimnasio se conectan a la red eléctrica para que la energía humana se transforme en electricidad que se pueda utilizar en las instalaciones del local. Y, si hay un exceso, se puede devolver a la red eléctrica general para que la usen otros usuarios.