Energía, hormigón y fertilizantes a partir de biomasa forestal
La Universidad de Salamanca está desarrollando un proyecto triplemente ecológico. El objetivo es aprovechar la biomasa forestal para producir energía, fabricar hormigón y, por último, usarla como fertilizante del suelo. Todo ello, en una única planta que permita el aprovechamiento integral de toda la biomasa de origen forestal.

Los residuos se transforman en energía térmica o eléctrica. Es el uso más habitual para aprovechar la biomasa. Pero también se usa, en forma de ceniza, como fertilizante para la agricultura. Por último, se puede aprovechar como material de construcción para proporcionar mejores cualidades a los hormigones. En definitiva, no habría, después de aprovechar todo, residuos forestales y no habría, por tanto, necesidad de mandar nada a los vertederos, con el consiguiente ahorro en costes que supondría.

La profesora de la Facultad de Ciencias Químicas María del Carmen Márquez señala que el proceso para reducir los residuos a la mínima expresión arranca de la manera similar a los actuales hornos de uso doméstico: la parte orgánica se procesa mediante un proceso de pirólisis, gasificación y combustión, mientras que de la parte inorgánica se pueden aprovechar las cenizas que se generan en el proceso de combustión para la fabricación de fertilizantes o de hormigones y cementos de construcción. La investigadora ha añadido que, para esta última aplicación, las cenizas permiten añadir una serie de ventajas en cuanto a propiedades de resistencia mecánica y mayor vida útil del material.

En el terreno de la agricultura, la ceniza actúa como fertilizante natural en los suelos. Además, al provenir de residuos forestales se cierra el ciclo, porque vuelve a aportar al suelo parte de los minerales que se han extraído. Un proceso de la cuna a la cuna.

El proyecto, no sólo es viable económicamente, sino que, probablemente, se convertirá en imprescindible si se siguen las directrices marcadas por la Unión Europea en política energética. Por un lado, se aprovecha un recurso como la biomasa al máximo. Por otro, se debe reducir la cantidad de residuos biodegradables que acaban en el vertedero.

La localización final de la planta se desconoce por el momento. Se busca un lugar en el que no se le esté dando uso a la materia prima (biomasa procedente de desbroces o cortafuegos) y donde el transporte hacia la futura instalación resulte barato. La planta tendrá unas cinco hectáreas.