Energía renovable y limpia gracias a bacterias que viven en las raíces de las plantas
Científicos de la Universidad Wageningen, Países Bajos (especializada en medio ambiente y alimentación saludable), están desarrollando una célula de combustible que se aprovecha de la interacción natural entre un vegetal y un microbio. Esta interacción natural entre las raíces de las plantas y las bacterias del suelo es la que produce la energía.

De momento, los científicos han conseguido que esta célula genere 0,4 vatios por cada metro cuadrado de tierra cultivada. Parece una cifra insignificante, pero es más de lo que, por ejemplo, genera la bioenergía a través de la fermentación con biomasa. El sistema tiene otras ventajas, como la posibilidad de llevarlo a lugares remotos sin que altere el aspecto del paisaje natural.

Se ha instalado una planta piloto con pilas de combustible microbiano en el Instituto Ecológico Holandés. El sistema es diferente al que produce biogás a partir de organismos vivos, ya que éste se produce por la digestión anaeróbica o fermentación de la biomasa, mientras que el nuevo sistema genera electricidad sin alterar el crecimiento de la vegetación ni dañar su medio.

El nuevo método de generación energética aprovecha hasta el 70% de la materia orgánica que es desechada por las plantas a través de las raíces. Las bacterias naturales que se encuentran cerca de las raíces descomponen ese residuo orgánico proveniente de las plantas, proceso que libera electrones. La electricidad se genera colocando un electrodo donde viven esas bacterias, de modo que puedan absorber esos electrones.

Muchas y diferentes posibilidades

El equipo investigador calcula que, cuando se mejore este sistema, se podrá producir hasta 3,2 vatios de electricidad a partir de organismo vivos por cada metro cuadrado de cultivos. Es decir, que a partir de una plantación de unos cien metros cuadrados, se podría generar la electricidad suficiente como para abastecer a una familia con un consumo medio de electricidad anual de unos 2.800 kWh.

Las posibilidades que ofrece este método son diversas. Estas células de combustible llamadas Plant-Microbial se pueden usar a diversas escalas y muy diferentes lugares, desde azoteas que sean planas hasta áreas remotas de países pobres o para ayudar en las labores de emergencia tras un desastre natural.