La energía verde como modelo de crecimiento
La crisis medioambiental, las fluctuaciones en los precios del petróleo y la mayor concienciación sobre la importancia del reciclaje son algunas de las claves por la que se debe fomentar un nuevo modelo de crecimiento, no solamente económico, también social y en las ciudades. De hecho, en la pasada cumbre del clima de París se destacó las políticas verdes de algunos pequeños países que están apostando claramente por las energías limpias y renovables.

Lo más destacado es que muchos de estos países son latinoamericanos. Es el caso de Uruguay, Paraguay o Costa Rica. Claros ejemplos de que un mundo verde es posible. Mientras las grandes potencias mundiales tratan de negociar leyes que faciliten el traspaso de los combustibles fósiles a una energía verde, numerosas naciones lograron esa transición con buenas prácticas.

Por ejemplo, Costa Rica consiguió en 2015 pasar casi 100 días consecutivos sin utilizar energía fósil para producir electricidad, gracias a una combinación genial de 78% de energía hidráulica, 12% de geotérmica y 10% de eólica. El objetivo es alcanzar el 100% de energía verde para 2021. Paraguay, por su parte, consigue el 90 por ciento de su energía de la central hidroeléctrica de Itaipú.

En el norte de Europa, Islandia cuenta con la ventaja de ser un país de volcanes, algo que han sabido aprovechar muy bien para obtener el 85% de su calefacción de la energía geotermia y el resto procede de energía hidráulica. Esto la transformó en el principal productor per cápita de energía verde del mundo.

La energía verde como modelo de crecimiento
En Asia, concretamente en Bután, uno de los países con mayores niveles de felicidad, también producen un consistente excedente con recursos hidráulicos que representa más del 40% de sus ingresos de exportación. Sin embargo tienen un desafío importante: el país tiene que importar energía de la India en la temporada de sequía.

Pero sin duda, Uruguay es uno de los países que más esfuerzos han realizado para dejar de contaminar y ser más ecológicos, pues en menos de 10 años fue capaz de reducir su huella de carbono y sus costos de electricidad en forma drástica. Actualmente las energías renovables proveen el 95% de la electricidad que se necesita el país, mientras que los precios, ajustados a la inflación, son algo inferiores que en el pasado. También hay menos cortes de luz porque una diversificada mezcla de energías aumenta la resistencia durante las sequías.

A comienzos del siglo XXI, los uruguayos importaban 27% del petróleo y un nuevo gasoducto se disponía a recibir gas de la Argentina. Las cosas han cambiado mucho desde entonces, ahora el principal producto de importación son las turbinas de viento para potenciar la energía eólica. La biomasa y la energía solar también aumentaron considerablemente.