Enfriar edificios usando agua de la naturaleza
Enwave gestiona el agua de Toronto. Puso en marcha un proyecto para utilizar el agua profunda del Lago Ontario para enfriar el sistema centralizado de aire acondicionado del distrito financiero y político de la ciudad, donde 56 rascacielos y otros edificios lo utilizan. Han reducido un 80% sus facturas de la luz.

El sistema es sencillo. Se usa el agua profunda del lago porque que está a 4 ºC. Con el agua se enfría el circuito de refrigeración de la ciudad hasta 6 ºC, señala Yianni Soumalias, portavoz de Enwave. El agua fría se distribuye para evitar el uso de aparatos eléctricos.

El sistema puede aplicarse en otros países. Funciona también con agua de mar. Lo importante es encontrar la temperatura adecuada. La refrigeración por agua fría puede reducir la factura de luz de un edificio en un 80%. Por otra parte, el precio de lo que cuesta instalar el sistema es menor a lo que cuesta uno de aire acondicionado. El problema: la infraestructura necesaria.

Enwave invirtió 250 millones de dólares canadienses en el proyecto. Su construcción se prolongó durante tres años. Funciona desde 2003. Consta de unas tuberías de captación de agua fría a 83 metros de profundidad, un centro de filtrado, una instalación de transferencia de temperatura y el circuito de distribución. Algo parecido a una instalación geotérmica, sólo que, en este caso, se usa agua fría en vez del calor del interior de la Tierra.

Otras ciudades de la región se están planteando instaurar el sistema, como Chicago o Michigan. Enwave analiza el mercado del sur de Europa y ciudades costeras, como Barcelona o Valencia, que podrían utilizar la refrigeración por agua. El retorno de la inversión es a medio plazo. En Toronto lo utilizan unas 100.000 personas. Pero también hay que contar el beneficio para el medio ambiente.

Adaptar un edificio con un sistema tradicional es más difícil y costoso que empezar de cero. Con todo, la inversión es rentable, sobre todo, en países donde la electricidad es cara. En zonas como la costa española, donde las necesidades de refrigeración se prolongan prácticamente todo el año y el precio de la luz es alto, puede ser una solución rentable y ecológica.