Enterrar carbono podría producir terremotos
Un estudio elaborado en Estados Unidos advierte del peligro que puede causar enterrar grandes cantidades de dióxido de carbono (CO2) como método para luchar contra el cambio climático. En determinadas condiciones, este sistema podría llegar a producir grandes movimientos del interior de la Tierra que acabarían en el desastre natural.

Los expertos coinciden en que deben ponerse en marcha diferentes acciones para reducir la cantidad de CO2 que se acumula en la atmósfera. Acciones que no se excluyan, como disminuir las emisiones, al tiempo que se capturan y entierran las indispensables para que la sociedad funcione. Cada vez más científicos están a favor de capturar millones de toneladas de CO2 producidas por los procesos industriales y almacenarlas en el subsuelo terrestre. Un proceso denominado Captura y Almacenamiento Geológico del dióxido de carbono (CCS, por sus siglas en inglés).

Pero, ¿no supone ningún peligro? De momento, se desconocen los efectos que puede producir esa acción. Sin embargo, ese almacenamiento de dióxido de carbono a gran escala producirá algún efecto, aunque desconozcamos exactamente cuál.

Para Mark D. Zobacka y Steven M. Gorelick, profesores de geofísica de la Universidad de Stanford, el almacenamiento subterráneo de CO2 a gran escala sería una estrategia extremadamente cara y arriesgada si es que realmente se quieren conseguir reducciones verdaderamente significativas de gases de efecto invernadero.

Para que el CCS funcione a escala global, sería necesario eliminar alrededor de 3.500 millones de toneladas de C02 al año, esto es, el volumen equivalente a unos 28.600 millones de barriles de petróleo. Cada año, se producen en todo el mundo cerca de 27.000 millones de barriles de petróleo.

Los geofísicos advierten que dicha estrategia puede desatar terremotos de magnitud imprevisible en el interior de los continentes, ya que se producirá un aumento de la presión en el interior de la Tierra, que puede “despertar” en los futuros cementerios de CO2. Los expertos avisan: los lugares donde se almacene el carbono deben ser cuidadosamente escogidos, en especial, teniendo en cuenta el riesgo de posibles movimientos sísmicos.

Lo que sí se ha probado ya es que las inyecciones subterráneas de aguas residuales han producido, en ocasiones, terremotos pequeños o moderados en Estados Unidos, según señala la investigación. Un caso evidente fue el ocurrido en 1960 en Colorado. Aunque hay otros ejemplos en Arkansas y Ohio, lugares separados por miles de kilómetros. Por tanto, el riesgo está en cualquier parte.