Escuela que enseña a los niños a cultivar sus propios alimentos bio
Imagina peques de guardería o preescolar instruyéndose de forma lúdica a cultivar sus propios alimentos. Divirtiéndose, aprendiendo a cada minuto, entretenidos al aire libre, entre semillas, plantas. Y, en fin, entusiasmados con esas pequeñas cosechas que recogen tan orgullosos de su trabajo para luego incluso cocinarlas y, por supuesto, comerlas no menos contentos.

Es otra manera orientar los últimos años de guardería y primeros de escolarización, haciendo de la agricultura un motivo de diversión y enseñanza de vida. No se trataría tanto de instruirlos, eso casi es lo de menos. Lo realmente bonito y, al tiempo, valioso, es que con el tiempo sepan y comprendan, por propia experiencia, lo gratificante e importante que poder cultivar sus propios alimentos. De forma autosuficiente y, lo que es todavía mejor, sustentable.

Este es el espíritu del proyecto que está a punto de realizar la Golden Bridges School en un entorno privilegiado, construido de forma expresa para llevarlo a cabo. Se ha encargado al arquitecto Stanley Saitowitz, de Natoma Arquitectos, quien acaba de difundir sus primeros bocetos del edificio que albergará a esta innovadora escuela.

Granja escuela urbana con enfoque eco

Se trata de un concepto de granja escuela urbana y ya está empezando a construirse en San Francisco, California, con el fin de educar a los niños en edad de preescolar aplicando un plan de estudios de enseñanza para realizar cultivos ecológicos, basado en la educación Waldorf.

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Para quien lo desconozca, la pedagogía Waldforf proviene de la pedagogía desarrollada a principios del siglo XX por Rudolf Steiner, orientándola al desarrollo apropiado a cada edad. Básicamente, se busca la educación equilibrada en función de su desarrollo evolutivo.

En concreto, hasta 7 años de edad, son grandes experimentadores. Es entonces cuando desarrollan su voluntad, por lo que deben tener libertad de movimiento, para jugar e imitar, con lo que la agricultura y un contacto vívido con la naturaleza formaría parte este concepto.

Un edificio vivo

El proyecto arquitectónico tendrá la forma de un impresionante edificio vivo, con paredes y tejados verdes, en el que los edificios albergarán aulas donde los peques tendrán un espacio de encuentro.

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Diseñados para que puedan realizar las actividades seguros, lejos del mundanal ruido de la urbe, los campos quedan ocultos, pero en realidad están al aire libre, como puede verse en las imágenes que los captan a vista de pájaro.

A la hora de plantear su diseño se ha buscado recrear el mundo natural con el diseño del edificio y, de hecho, la conexión con la tierra es directa, puesto que no puede separarse el concepto de edificio del paisaje mismo.

En ellos se planea cultivar verduras y hierbas, como col rizada, calabacines, rábanos y cebollas. Durante sus primeros dos años de funcionamiento, la escuela ha contado con 55 estudiantes que han estado trabajando casi media hectárea de tierra.

Proyecto pionero

Cuando las obras finalicen, contar con un edificio de estilo futurista, cubierto de jardines verticales y tejados también verdes junto a los huertos anexos hará de esta escuela la primera granja urbana de Estados Unidos impartida en una escuela primaria.

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A la hora de diseñarlo, Saitowitz explica que ha intentado combinar tanto la filosofía ecológica e innovadora de la escuela Gold Brigdes con un mínimo impacto paisajístico y a su vez intentando respetar la calma que se respira en el barrio residencial donde se levantará.

Una arquitectura sostenible

El hecho de que los edificios estén cubiertos de vegetales no solo es una cuestión paisajística o educativa. Además, el techo verde facilita la retención de humedad, calor y aislamiento térmico y de ruidos, al tiempo que atrae biodiversidad. En especial, atraerá a los polinizadores, con lo que los cultivos se verán favorecidos.

El interior de las aulas se revestirá con materiales naturales, siguiendo las recomendaciones de la escuela Waldorf, en especial la madera y el vidrio para obtener un confort y luminosidad naturales, respectivamente.

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Frente a las aulas, los campos son lugares de esparcimiento, donde los pequeños podrán desarrollarse libremente, donde poder jugar y aprender conforme a sus propios ritmos. Además de ello, reforzará esa parte tan olvidada de la enseñanza como son las habilidades prácticas y el desarrollo social.

En este caso, haciendo énfasis en el contacto con la naturaleza y los valores del respeto hacia el entorno y la sostenibilidad. Porque además de trabajar las capacidades intelectuales y un desarrollo cognitivo convencional, también son importantes las habilidades prácticas y sociales, sin olvidar la confianza en sí mismos y el fomento de la empatía hacia los demás, incluyendo plantas y animales.

Aquella sabia frase que afirma la importancia de dejar un mundo mejor a las siguientes generaciones también implica educarlas en valores ecológicos. Y, puesto que los niños son el futuro, este tipo de proyectos son un paso adelante esencial para que la sociedad el día de mañana sera más consciente.

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Si queremos una sociedad sostenible, ir paso a paso, cultivándola desde la semilla es clave. Esencial para conseguir desde ciudadanos más eco conscientes hasta, consecuencia de ello, políticas verdes que nos lleven a un mundo más equitativo y sustentable.

Sin duda, conectar a las personas con la tierra desde la más tierna infancia es apostar por una utopía que con proyectos como éste podría dejar de serlo. Con la gran ventaja de que iniciativas como ésta son mucho más fáciles de implementar de lo que pueda parecer. Se trata, sobre todo, de potenciar la inteligencia ecológica como base para salvar el planeta.

Imágenes: Natoma Architects y Golden Bridges School