España, cada vez más permisiva con la contaminación
Éramos pocos y parió la abuela. España, a pesar de no cumplir ni con la normativa europea respecto a la contaminación causada por el tráfico en las grandes ciudades ni con la de la contaminación generada por el sector industrial, ahora aprueba dos Reales Decretos aún más permisivos.

Estas dos normas, aprobadas por el Consejo de Ministros, cambian la normativa española en materia de calidad del aire, aumentando los límites de partículas y permitiendo niveles de contaminación atmosférica nocivos para la salud pública, en algunos casos, muy por encima de los niveles que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Los nuevos decretos adaptan, fuera de plazo, la Directiva europea 2008/50. El primero revisa los límites legales de contaminantes en el aire y las medidas que se deben adoptar para cumplirlos y el segundo actualiza (con más de dos años de retraso) la relación de actividades emisoras de contaminantes a la atmósfera y las medidas de control sobre las mismas.

Así, mientras el Gobierno se niega a presentar la moratoria que han pedido Madrid y Barcelona para cumplir con los niveles exigidos por Europa en cuanto a las partículas en suspensión, estos Reales Decretos relajan los estándares y controles vigentes en la legislación española sobre la contaminación atmosférica. Al puro estilo de la típica doble moral neoliberal.

La Organización Mundial de la Salud recomienda, en sus guías sanitarias publicadas en 2005, un valor límite diario de dióxido de azufre seis veces inferior al que va a permitir la nueva legislación española. En cuanto a los valores límite anuales de partículas PM10 y PM2,5 duplican los recomendados por la OMS, y el valor objetivo de ozono es un 20% superior a la guía de la OMS.

Por otro lado, el Consejo de Ministros ha actualizado el “Catálogo de actividades potencialmente contaminadoras de la atmósfera”, que regula y cataloga las instalaciones que generan emisiones contaminantes a la atmósfera. Desarrolla, así mismo, los requisitos que se deben cumplir para minimizar y controlar esas emisiones. Intenta simplificar, además, los procedimientos y controles aplicables a cada actividad en función de su potencial contaminador.