Éxito de la Hora del Planeta: ¿y ahora qué?Pues ya ha pasado La Hora del Planeta. Lo que no sabemos es si ha servido de mucho. Muchas grandes ciudades del mundo apagaron las luces que iluminan los monumentos más emblemáticos durante una hora, así como muchos particulares apagaron la luz de sus hogares. Se ahorró electricidad durante esa hora en gran parte del planeta. Sólo una hora, pero por parte de mucha gente. Eso supone mucho ahorro energético y es un gesto que beneficia sin ninguna duda al planeta. Pero, ¿qué ocurre los 365 días restantes? ¿Por qué sólo se hace ese gesto un día? ¿No deberían ser todos los días, el Día del Planeta?

Este evento fue concebido por la organización ecologista WWF y el The Sydney Morning Herald, uno de los periódicos más leídos de Sídney, Australia, y se produjo por primera vez el 31 de marzo del 2007 en dicha misma ciudad: entre las siete y media y las ocho y media de la tarde, se apararon las luces innecesarias y se ahorró entre un 2,1% y un 10,2% de energía. Más de dos millones de australianos participaron en el ecológico gesto. Un año después se unían más ciudades, comenzando con varias canadienses. Años después, se ha convertido en un evento planetario. Apagar las luces innecesarias durante una hora. Pero, si son innecesarias, ¿por qué no apagarlas siempre que no se necesiten?

Este 2011 se ha batido un récord de participación, con cuatro mil quinientas ciudades de 135 países y territorios. Entre las 20:30 y las 21:30, ciudadanos, empresas, instituciones y ayuntamientos, se sumaron a la mayor campaña de movilización social contra el cambio climático. En particular, España se ha volcado con la campaña más que nunca, siendo el segundo país con más ciudades inscritas, con un total de 250. Sólo Canadá, con 422, la superó en número de ciudades. Bélgica fue el tercer país en esta lista, con un total de 200 ciudades apuntadas al evento.

La Hora del Planeta de WWF comenzó en las islas Chatman (en Nueva Zelanda) y culminó en las islas Cook, después de pasar, uno por uno, por todos los husos horarios del mundo. Países y culturas de todo tipo unidas por un mismo fin. Quizá el medio ambiente sea lo único capaz de unir de esta forma a sociedades tan distintas. A todas las sociedades, en realidad.

La Hora del Planeta dejó a oscuras lugares emblemáticos como Times Square en Nueva York, el London Eye en Londres, el Obelisco de Buenos Aires, el Cristo Redentor de Río de Janeiro, la Catedral de Helsinki, el Puente Bósforo en Estambul, el Palacio Nacional de México y las Cataratas del Niágara en Canadá. En España, la Puerta de Alcalá, la Cibeles y el Palacio Real pasaron una hora a oscuras, así como la Sagrada Familia y la Torre Agbar en Barcelona, la Mezquita de Córdoba, el Acueducto de Segovia, la Alhambra de Granada, las murallas de Ávila y la Torre del Oro, en Sevilla.

En definitiva, un ahorro energético considerable y una forma de promocionar el respeto por el medio ambiente y la lucha contra el cambio climático. Pero, si no se actúa en consecuencia el resto del año, ¿sirve de algo?

A estas alturas de la película no nos podemos conformar con apagar las luces una hora al año para luego comentarlo cuando estemos de copas con los amigos. Hay que reutilizar antes de reciclar, hay que usar lo mínimo posible el coche a no ser que sea eléctrico, hay que consumir menos, lo justo, y, a poder ser, productos locales y ecológicos, hay que cambiar el modo de vida, aunque suponga un sacrificio de ciertas comodidades a las que estamos demasiado acostumbrados. Y, sí, también hay que apagar las luces y ahorrar energía.