Fotografías que documentan el deshielo en el Ártico
James Balog, reconocido fotógrafo, ha estado desde 2006 fotografiando el Ártico para comprobar a qué ritmo se derriten los grandes bloques de hielo en el polo. El resultado es descorazonador y le ha afectado más de lo que se había imaginado: es un desastre que está ocurriendo “allí y ahora”. Es algo que se puede ver. Y fotografiar.

Este fotógrafo, con maś de treinta años de experiencia, ha trabajado para medios tan importantes como Life, Vanity Fair, The New Yorker o National Geographic. Estas dos últimas revistas fueron las que colaboraron en el proyecto de fotografiar el deshielo en el Ártico, un proyecto personal de Balog que también ha contado con el apoyo de científicos, ingenieros, camarógrafos, la NASA y el ex-vicepresidente de Estados Unidos y ahora adalid de la lucha contra el cambio climático, Al Gore. Para Balog era esencial, no sólo documentar el proceso, sino difundir los resultados a políticos y a la opinión pública.

Para este fotógrafo, que también es Licenciado en Geología, que los grandes glaciares se estén derritiendo es “la manifestación más visible del cambio climático”. Por eso pensó que si lograba plasmarlo en fotografías sería un argumento de peso para los negacionistas, los que niegan que tal cambio exista. Así, se instalaron treinta cámaras que tomaron una fotografía cada hora en lugares como Groenlandia, Islandia, Alaska o las Montañas Rocosas.

“Ver para creer”, pensaba Balog. En Alaska, por ejemplo, un glaciar ha perdido tres kilómetros en sólo tres años. Según un grupo de estudio de la Universidad de Zurich, a este ritmo los glaciares desaparecerán a finales de este siglo. La misión actual que se ha propuesto Balog es difundir las fotografías y, sobre todo, explicar lo que significan a través de medios de comunicación, instituciones científicas y políticas, museos, escuelas, etc. De momento, le han escuchado en el Congreso de EE UU y en una reunión de ministros de la Unión Europea, además de acompañar en diversas ocasiones a Al Gore en sus conferencias sobre el cambio climático. Sin embargo, una cosa es escuchar, y otra bien distinta, actuar.