Fukushima: niveles de radiactividad mortales en 40 minutos
Llegan malas noticias desde Fukushima. Cuando ha pasado un año y medio del terrible accidente nuclear ocurrido en la central de Fukushima, la empresa que opera la planta, la Compañía Eléctrica de Tokio (TEPCO), ha comunicado que ha detectado niveles de radiactividad de 11 sieverts por hora en el reactor número uno de la central Fukushima-1. Este nivel de radiactividad puede resultar mortal en tan sólo 40 minutos de exposición.

Las últimas pruebas realizadas en el reactor 1 han revelado estos niveles de radiactividad en algunos puntos de la vasija de contención, debido a las barras de combustible fundidas, según informa la televisión pública japonesa.

La compañía eléctrica no dejará, claro, que esa radiactividad salga de allí: el agua en la vasija de contención alcanza los 2,8 metros de profundidad, lo suficiente para mantener enfriadas y, por tanto, estabilizadas las barras de combustible fundidas. Pero el caso es que la contaminación por radiactividad no ha desaparecido después de tanto tiempo.

Además, por otra parte, las pruebas en el reactor 1 han revelado que la vasija de contención está corroída en algunos puntos debido a la presencia de una varilla metálica de 30 centímetros, que está contaminando el agua y su continente. Así que vuelven las dudas sobre si de verdad está controlada la radiactividad.

Tras el terremoto y el tsunami que el 11 de marzo de 2011 sacudieron la prefectura de Fukushima, algunas de las barras de combustible de los seis reactores de la central nuclear se fundieron, liberando una gran cantidad de partículas radiactivas. Desde entonces, es decir, desde marzo de 2011, los operarios de TEPCO, con la ayuda del Gobierno de Japón, tratan de mantener fríos los reactores de la central nuclear para contener los niveles de radiactividad en la zona, que, en la actualidad, permanece desalojada.

Y, para añadir más leña al fuego, la propia compañía TEPCO ha reconocido que era consciente de que el sistema de protección de la central era insuficiente para afrontar con garantías los efectos de un tsunami y que podrían haberse manejado mejor los problemas de la instalación de haberse tomado precauciones generales. Cada vez resulta más difícil confiar en la energía nuclear.