Ganadería trashumante
La trashumancia proporciona grandes ventajas, no sólo ambientales, para el conjunto de la sociedad. El paso del ganado aumenta la fertilidad de nuestros suelos amenazados por la desertificación, al incorporar estiércol y otros vegetales. Algunos de los bosques más importantes de España (pinares de Guadarrama o la Serranía de Cuenca, los hayedos y robledos de la Cornisa Cantábrica o los encinares y alcornocales de Andalucía y Extremadura) se han desarrollado y conservado a paso del ganado por sus tierras. Además, los animales se alimentan de materia altamente combustible siendo una ayuda importante en la lucha contra incendios.

Los animales trashumantes benefician directamente a la biodiversidad, al conservar numerosas razas autóctonas en peligro de extinción. Los efectos también son positivos para la flora, al contribuir a la dispersión de semillas.

Por otra parte, este tipo de ganadería es la más eficiente aprovechando superficies pastables, consumiendo recursos que no compiten con la alimentación humana. Esto permite a los rebaños ser prácticamente autosuficientes, no dependiendo su alimentación de piensos importados y alterados.

Pero a pesar de toda las ventajas, las familias de ganaderos trashumantes ven cada vez más difícil continuar con su actividad. La ganadería trashumante es un ejemplo de respeto al medio ambiente pero en peligro de extinción.

Actualmente existen en España poco más de 300.000 cabezas de ganado trashumante, frente a los 5.000.000 con los que contábamos el siglo pasado.