Gas de esquisto
Es bien sabido que el suelo de Estados Unidos es rico en reservas de gas de esquisto, un recurso poco convencional, cuya explotación resultaba muy difícil. Sin embargo, gracias a los avances tecnológicos la explotación de este gas se ha disparado. La producción ha aumentado hasta tal punto que ya puede usarse para producir electricidad y reducir la dependencia del carbón, un recurso más contaminante. Si los coches que funcionan con electricidad o gas evolucionan, el gas de esquisto también reduciría la dependencia del petróleo de Oriente Medio. China también parece disponer de sus propias reservas de gas de esquisto, y seguro que existen otras reservas todavía por descubrir.

A corto plazo, el aumento del uso de este gas facilitará que Estados Unidos y Europa reduzcan considerablemente las emisiones de dióxido de carbono, ya que se trata de un gas mucho menos contaminante que el carbón. No obtente, la partida no está ni mucho menos ganada, el gas de esquisto sigue siendo un combustible fósil por lo que genera gases de efecto invernadero. De modo que os ecologistas siguen soñando con un futuro en el que la energía proceda de la energía eólica y paneles solares, el gas parece posicionarse como una bendición que despierta sentimientos encontrados pero en el fondo muy interesantes de explotar.

Estamos seguros de que el gas de esquisto no será la respuesta definitiva a los problemas de seguridad energética y todavía menos al cambio climático. Pero ante la subida del precio del petróleo, el gas de esquisto es una buena noticia para equilibrar la demanda.