Gestión de residuos en el barco de Greenpeace
Greenpeace ha estrenado su nueva embarcación, el Rainbow Warrior III. Con este nuevo buque ecológico, la organización Greenpeace defenderá las causas medioambientales por todo el mundo. Pero, mientras navegan de un lugar a otro, ¿qué se hace con los residuos que se generan a bordo?

Porque, lógicamente, no tendría sentido que una organización ambientalista se desentendiera de la basura que genera. Así, la tarea de gestionar los residuos sólidos del Rainbow Warrior III es responsabilidad de un marinero de cubierta al que han otorgado el nombre de garbalogist (encargado de la logística de la basura, en traducción libre).

El barco de vela tiene más de 57 metros de eslora, dos mástiles en forma de A y cuenta con mejoras ecológicas. Es, en definitiva, un ejemplo de sostenibilidad en el mar. La embarcación está diseñada para navegar aprovechando la fuerza del viento, aunque, para emergencias y otras situaciones que lo requieran, se puede usar su motor de propulsión diésel-eléctrica.

Uno de los principales problemas ambientales generados por los barcos son los vertidos en el mar. Restos de productos procedentes de los hidrocarburos, aguas fecales, basuras sólidas, plásticos, productos que se desechan en el mar como si éste fuera un gran basurero. El Convenio Internacional para Prevenir la Contaminación por los Buques (Convenio MARPOL) regula los vertidos en el medio marino producidos por las embarcaciones. Existen normas que estipulan lo que no se puede tirar al mar, lo que sí, y en qué condiciones y zonas. Por ejemplo, las aguas negras de los váteres pueden echarse a más de cuatro millas de la costa si se tiene un sistema de tratamiento y a una distancia de más de doce millas si no se cuenta con este equipo. Los restos de comida desmenuzados se pueden echar al mar a una distancia de más de doce millas de la costa. Los plásticos no se deben arrojar en ningún caso. Perduran durante décadas en el mar.

Pero Greenpeace quiere, no sólo respetar las normas, sino ir más allá. Entre otras medidas, tratan de acumular los residuos desechados a bordo para descargarlos en tierra para que sean reciclados. En el caso de los desechos sólidos, puede resultar complicado: por los largos periodos que está navegando por el mar y porque cada puerto tiene sus propios sistemas de gestión de la basura.

Además, la tripulación del barco de Greenpeace no incinera ningún desecho, así que no queda otra que guardar la basura que no sea orgánica el tiempo que haga falta. Por ello, el cuarto de las basuras es mucho más grande que en otras embarcaciones. Además, hay que guardarlos limpios para evitar olores y, en última instancia, evitar problemas de salud. Por tanto, los residuos se tiran casi más limpios que la vajilla donde se come.

Reducir envases antes de zarpar

También cuenta el Rainbow Warrior III con una cámara frigorífica donde se guarda toda la basura orgánica que no se tira por la borda, así como con una máquina que desmenuza los envases de vidrio. Se trata de ahorrar espacio y, además, puede darse alguna situación en la que sea necesario arrojar vidrio molido al mar.

Otro problema es cuando se llega a un puerto. En algunos países ni siquiera existe una legislación sobre el tratamiento de residuos. Es tarea de la garbalogist saber las diferentes situaciones que van a encontrarse en cada puerto para estar preparados y saber qué hacer en cada momento con los residuos. En todo caso, para facilitar la gestión, todo es separado detalladamente: aluminio, otros metales, plástico, tetrabriks, papel y cartón, vidrio, pilas…

Gestión de residuos en el barco de Greenpeace
Una última tarea de la garbalogist del barco de Greenpeace (usamos el femenino porque, en este caso, es una mujer) es disminuir la carga de embalajes superfluos. Hay que comprar provisiones que no usen demasiados embalajes o sustituir los envases por cajas reutilizables.