Gigantesco robot de chatarra propulsado con energía solar
Este gigantesco cangrejo metálico de doce patas bien podría protagonizar una peli de ciencia ficción o convertir cualquier sueño en pesadilla, pero en realidad la cosa no va por ahí. Muy al contrario, se trata de un ingenio tan real como la vida misma, una cúpula geodésica andante que se alimenta con energías renovables.

Una turbina de viento y un techo forrado con paneles solares generan alrededor de 800 vatios, la energía necesaria para que el espeluznante robot pueda moverse.

El padre de la angelical criatura es Scott Parenteau, un soldador estadounidense con espíritu de loco artista que ha demostrado toneladas de cordura ecológica y dominio de la ingeniería con su creación, bautizada como Walking Pod, a la que dedicó tres intensos meses de su vida.

Muy lento e insólito

Fabricado a partir de chatarra y de piezas industriales procedentes de máquinas desechadas, Scott logró construirlo con la ayuda de un par de amigos con los que comparte su insólita afición por crear vehículos metálicos con formas extrañas.

El invento se mueve a una velocidad de antología que convierte a las hormigas en auténticos bólidos, concretamente a no más de 0,02 millas por hora, como se ve en el vídeo. Aunque no puede negarse que rompe récords como robot mutante. ¿O no es el vehículo de energía solar de aspecto maligno más cool jamás visto?

Gigantesco robot de chatarra propulsado con energía solar
En cuanto a su aspecto práctico, además de ser un primer paso para conseguir una mayor velocidad en el futuro, se trata de una plataforma móvil pensada para cruzar espacios hostiles (desiertos, contaminados o terrenos volcánicos calientes e incluso llenos de animales peligrosos) mientras llevamos una vida más o menos confortable en su interior. Por lo tanto, a no ser que se lograra estabilizar el interior, mejor será que vaya chano, chano.