Gran decepción tras la cumbre mundial del clima (COP20)
La cumbre del clima ha vuelto a ser un fiasco. Por enésima vez, el resultado ha sido desastroso. No pudo ser, o quizá no se quiso que fuese, pese a que sólo se esperaba un compromiso en firme para luego poder alcanzar un acuerdo vinculante en la próxima cita, la COP21 de París en el 2015.

Después de 13 días de debates, veinteava cita de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) ha finalizado sin atar temas tan fundamentales como la financiación del cambio a un mundo más verde o la fiscalización de los compromisos acordados por cada país.

El documento aprobado tampoco reconoce los daños y pérdidas causados por el cambio climático, ni los planes inmediatos. Bajo el título “Llamamiento de Lima para la Acción Climática”, el informe establece que los países presentarán antes de octubre sus compromisos nacionales de reducción de las emisiones de gases que provocan el recalentamiento global.

Aunque la sensación desilusionante es la tónica general, tanto en medios de comunicación como entre las organizaciones observadoras, la página oficial de la COP20 afirma justo lo contrario. En el último comunicado se considera un “éxito” la firma del borrador de acuerdo y “muchos avances en diferentes temas”, reza la nota de prensa emitida.

¿Una reunión en vano?

“La cita de Lima ha sido exitosa porque se cumplieron los mandatos que estableció la COP19 de Varsovia, y también se aprobó por primera vez el borrador que contiene los elementos para la negociación”, dice el Ministro peruano del Medio Ambiente, Manuel Pulgar-Vidal.
Pero no sólo eso. A su vez, sus anfitriones consideran que “fortaleció los programas que los países deben presentar el próximo año, y también los mecanismos de financiamiento”.

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Sin embargo, curiosamente, éste es el talón de Aquiles que más ha defraudado, la falta de concreción sobre la financiación, pues el borrador de acuerdo no concreta cómo se financiará el recorte de emisiones de CO2, un asunto capital que finalmente determinará su viabilidad.

El comunicado se pierde dando un repaso con lupa a logros que tienen su importancia, como el aumento de financiación para el Fondo Verde o la implementación de políticas sensibles al género, pero que de poco o nada sirven si no se avanza lo necesario como para detener el avance del calentamiento global.

Un acuerdo insuficiente

No puede negarse que haber llegado a un acuerdo tiene su importancia. Tras una prórroga de 25 horas, los negociadores de 195 países llegaron a un “mínimo común necesario” de medidas para luchar contra el cambio climático. Pero también es cierto que se postergaron las decisiones esenciales.

Éstas se tendrán que tomar en París, por lo que el nuevo y definitivo acuerdo que se esperaba alcanzar en la capital francesa sigue totalmente en el aire. De hecho, existe la misma incertidumbre después de haberse celebrado la cumbre peruana que antes de ella.

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El borrador de acuerdo no es sino un llamamiento a la acción, de eso no caba duda, y quizá sea éste su mayor mérito. No sólo urge a los países industrializados a “financiar acciones ambiciosas de mitigación” para las naciones afectadas por el cambio climático, sino que además considera importante que esa financiación se establezca junto con los compromisos de reducción.

Demandar dinero para los países pobres es importante, pues su adaptación a los eventos extremos y, en fin, a las nuevas realidades derivadas del cambio climático es clave para evitar dramas humanos. Sin embargo, los observadores lamentan que el llamamiento no se centre en las poblaciones más vulnerables como agricultores, comunidades costeras y personas con menos recursos.

“Los grandes temas se han postergado: las reglas para el próximo año y cómo lograr acción y ambición climática”, denuncia el responsable de cambio climático de Care International, Sven Harmeling.

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Ha habido acuerdo o, si se quiere, preacuerdo, pero no ha tenido la contundencia necesaria e, inevitablemente, ello afectará las negociaciones de 2015. En otras palabras, París será una absoluta incógnita hasta que se celebre. Sólo si entonces se consigue un acuerdo vinculante se logrará el gran objetivo: sustituir al actual Protocolo de Kioto, al que debe dar continuidad. De otro modo, el futuro pinta negro.