Guerra a la bicicleta, gana la contaminación
Una vez más se produce una brecha insalvable entre ciudadanos y gobernantes. Una vez más, un Ayuntamiento de una ciudad española quiere que las bicicletas se queden en los garajes o en casa. Políticos que prefieren que se siga contaminando. Y gastando.

Hablamos del Ayuntamiento de Valencia, donde la Policía local ha comenzado una campaña de sanciones que aseguran se extenderá hasta el 10 de diciembre. Quieren hacer cumplir la restrictiva ordenanza de movilidad (¿o de inmovilidad?) que se aprobó hace unos meses. ¿O será que quieren recaudar? ¿Han pensado en multar a los conductores que usan su teléfono móvil y que resultan un peligro? Por poner un ejemplo fácil. El valor de las multas a los ciclistas puede llegar, en Valencia, hasta los 500 euros.

Evidentemente, los ciclistas valencianos están que trinan. Se sienten perseguidos, engañados. En la ciudad, cada vez más gente usa este medio de transporte sostenible, barato y no contaminante. La guerra contra la bicicleta ya se ha cobrado 530 multas y 887 avisos, principalmente para ciclistas que circulaban por la acera o por los jardines públicos. El Ayuntamiento señala que defiende los derechos de los peatones.

La hipocresía política llega al punto de que, desde hace un tiempo, funciona un servicio público de alquiler llamado Valenbisi. Los ciudadanos respondieron a la iniciativa usando la bicicleta de forma masiva. Ante la avalancha de las dos ruedas, se aprobó una normativa para evitar conflictos entre los diferentes usuarios de la vía pública. ¿Hubieran preferido los responsables políticos de la ciudad que la medida hubiera resultado un fracaso?

Se prohibía, en dicha normativa, que los ciclistas circularan por la acera (mejor por las calzadas, enfrentándose al peligro de los coches), encadenaran sus vehículos al mobiliario público (porque en Valencia nadie roba, ni siquiera los políticos) o circularan por la noche sin una prenda reflectante. Se construyeron algunos carriles-bici, es verdad, pero sin medidas efectivas de control del tráfico ni la concienciación de los conductores. No se puede obligar a los ciclistas a ir por la carretera cuando los coches son los que mandan. En las grandes avenidas los automóviles alcanzan velocidades muy superiores a los 50 km/h permitidos. ¿Es que éstos no incumplen las ordenanzas?

Dejen de engañar a los valencianos. No les interesa que la gente opte por la bicicleta como medio de transporte.