Guerra a las emisiones: Las autopistas del mar
Las emisiones de CO2 que emiten los vehículos pesados, como camiones y autobuses, suponen la cuarta parte de las emitidas por el transporte por carretera en la eurozona, un porcentaje tremendo ante el que la Unión Europea intenta tomar medidas efectivas.

Crear nuevas autopistas del mar es una de las soluciones estrella que están llevándose a cabo desde hace una década, junto con otras como la creación de una herramienta informática de simulación diseñada para medir las emisiones de los vehículos pesados nuevos, con el objetivo de fijar límites obligatorios para las emisiones en camiones de nueva matriculación.

La medida vendrá a completar la llevada a cabo recientemente con turismos y furgonetas, con la que se han obtenido excelentes resultados. En concreto, se espera poder reducirlas un 30 por ciento. Pero, sobre todo, crear nuevos corredores marítimos es la estrategia clave de la Comisión Europea para acabar con las emisiones procedentes de estos vehículos, que crecieron casi un 40 por ciento entre 1990 y 2010.

España, un punto estratégico

Teniendo en cuenta el interés de la UE en potenciar los corredores marítimos, y considerando a su vez que España es peninsular y cuenta con más kilómetros de costa que ningún otro país, no cabe otra que conceder todo el protagonismo a la península ibérica. Sin duda, España será punto de partida o llegada de la gran mayoría de corredores marítimos que promueva Europa.

Guerra a las emisiones: Las autopistas del mar
La intención no es sustituir el camión por el barco, sino facilitar el trayecto a los camioneros, que podrán cambiar el asfalto por las bodegas de un barco. Tanto ellos como el medio ambiente salen ganando. De hecho, se considera que la combinación de la carretera y el barco es muy competitiva.

Si miles de camiones hacen buena parte del trayecto por mar, se gana tiempo en las carreteras, pues los conductores de otro tipo de vehículos se ahorran atascos, el asfalto e infraestructuras en general duran más, con lo que se economiza en mantenimiento, tanto a nivel de recursos naturales como económicos. El resultado es un entorno más habitable, carreteras menos peligrosas y reducción de emisiones o, lo que es lo mismo, una iportante contribución a la lucha contra el cambio climático.

Guerra a las emisiones: Las autopistas del mar
Actualmente, España cuenta con varias autopistas del mar, entre otras que ya funcionan en la UE, pero el proyecto todavía tiene mucho camino por delante. El Libro Blanco de Transporte de 2011 de la UE pretende llegar a 2030 habiendo transferido el 30 por ciento de todo el transporte de mercancías por carretera en distancias superiores a 300 kilómetros a modos de transporte alternativos, como el fluvial, maritítimo o el ferrocaril. En 2050 se espera poder elevarlo al 50 por ciento.

Riesgos de las autopistas del mar

Optar por los barcos como solución para aligerar el tráfico por carretera y, con ello, reducir problemas ambientales que van más allá de las emisiones (ruido, atascos y consumo de combustibles fósiles) no es una panacea, sin embargo. Y es que las rutas marítimas también son una fuente de polución.

Aunque el tráfico marítimo es mucho menos contaminante si nos centramos en la huella de carbono, también conlleva una serie de problemas relacionados con la polución, tanto la acústica como la que procede del mismo tráfico de barcos y, por supuesto de posibles fugas. No en vano, pese a contaminar 20 veces menos que el transporte por carretera y 6 menos que el ferrocarril, representa una grave amenza para los ecositemas marinos.

Guerra a las emisiones: Las autopistas del mar
Si, por un lado, el ruido representa un problema importante que altera la vida de la fauna marina e incluso puede alterar sus comportamientos, herir y matar a muchos animales, por otro son un peligro por la probabilidad de que se produzcan accidentes en ruta. Lógicamente, hay zonas más vulnerables que otras y se transportan materiales de distinta peligrosidad.