Guerra al aceite de palma
Los impactos del aceite de palma en la salud y el medio ambiente son dos poderosas razones para regularlo de mejor manera. ¿Y acabar con él, prohibir su consumo vetándolo en tiendas o con legislaciones restrictivas sería la solución?

La situación está al rojo vivo, con noticias tan impactantes como la reciente decisión que han tomado varios supermercados de vetar productos que contengan este ingrediente, y el anuncio de otros muchos que están planteándoselo hacerlo.

A su vez, la Unión Europea se encuentra en un momento decisivo con su votación hoy, 4 de abril, de un informe que aboga por la eliminación progresiva del mismo en los biocarburantes en 2020, así como un único sistema de certificación para avanzar en la tan necesaria sostenibilidad de su cultivo.

Los supermercados, en pie de guerra

Son varias las cadenas de alimentación que acaban de anunciar la retirada del aceite de palma. Primero lo hizo la cadena de productos ecológicos SuperSano, realizando una retirada completa, mientras otras como Alcampo lo retirará de sus marcas blancas y otras grandes compañías están valorando si hacerlo.

Guerra al aceite de palma
Además del problema ambiental que implica su cultivo en cuanto a emisión de gases de efecto invernadero y deforestación, sus propiedades son poco saludables para el consumo, puesto que se trata de un producto rico en grasas saturadas. Además, según un reciente estudio, publicado en Nature a finales de 2016 por el Instituto de Investigación Biomédica de Barcelona (IRB) concluyó que el principal componente de esta grasa (ácido palmítico) aceleraba la metástasis cancerosa.

En otras palabras, la proteína clave en la multiplicación de las células tumorales absorbe grasas y el ácido palmítico, en este sentido, pueden considerarse cancerígeno.

Como gran importador de aceite de palma, Europa es clave en su producción, puesto que la Unión Europea es el segundo consumidor del mundo, comprando más de siete millones de toneladas al año. Dentro del ámbito comunitario, España también es un gran consumidor, tercer importador con 1,2 millones de toneladas, solo por detrás de Holanda e Italia.

Guerra al aceite de palma
Por lo tanto, tal y como reconoció la Unión Europea ya en 2008 en un comunicado, este entorno tiene un importante papel en dicha deforestación, comprometiéndose a paliar dicho problema. Desde entonces no se ha reaccionado al respecto, pero las cosas podrían cambiar.

La industria del aceite de palma

El aceite de palma es el más utilizado del mundo, con una producción actual de 62 millones de toneladas que no cesa de crecer, así como su precio. No obstante, su uso obedece en buena medida a los bajos precios de la producción, constituyendo una materia prima muy asequible.

El resultado, deforestación y más deforestación, puesto que se talan árboles para ganar un espacio dedicado a su cultivo. Una catástrofe ambiental en lugares con una biodiversidad única, de gran riqueza.

Guerra al aceite de palma
Además, según un informe de Amnistía Internacional, el sello de la sostenibilidad es todavía una asignatura pendiente para la gran mayoría de las empresas dedicadas a la industria del aceite de palma. En concreto, la organización denuncia “abusos sistemáticos a los derechos humanos” como resultado de precarias condiciones laborales en Wilmar, el principal intermediario, que controla alrededor de la mitad del mercado internacional de este producto.

Un sello por el que asociaciones como Greenpeace llevan luchando durante años, y de hecho hay algunas empresas que están respondiendo de forma favorable, aunque es un camino largo y complicado que solo acaba de empezar.

Un devastador monocultivo

Igualmente, el cultivo de aceite de palma para la producción de biocombustible supone un impacto ambiental mayor que los combustibles fósiles, como la gasolina o el diésel. Solo la destrucción del entorno para plantar estos cultivos provoca una huella de carbono tremenda, concluye un estudio (goo.gl/SkbYDP) de la Comisión Europea sobre los biocombustibles.

Guerra al aceite de palma
El trabajo señala que el apoyo de combustibles extraídos a partir de la soja o la palma con fuertes subvenciones comunitarias están impidiendo que otras variedades menos contaminantes se abran paso. Por lo tanto, además de contaminar más (en especial el biocombustible obtenido a partir del aceite de palma), la política europea está impidiendo el desarrollo de las nuevas generaciones de agrocombustibles.

Además, lógicamente, del drama ambiental que está propiciándose con este tipo de apoyos. Tanto en lo que respecta a la desaparición de entornos naturales que son el hogar de especies en peligro de extinción como por la contribución que realizan al aumento de emisiones de carbono, puesto que la polución más importante proviene de los cultivos, no de los motores que utilizan el biodiésel.

Guerra al aceite de palma
Así pues, otro aspecto que podría cambiar en un futuro no lejano son la desaparición o reducción de las ayudas europeas para el biodiesel, bien mediante mediante exenciones fiscales o los subsidios a los precios y a las importaciones, que han sido de miles de millones de euros.

¿Qué futuro le espera al aceite de palma, entonces? Si tenemos en cuenta el daño que provoca a la salud y los problemas ambientales que se generan, probablemente la sostenibilidad no sea suficiente requisito para que siga siendo utilizado de forma masiva en productos de todo tipo.

Quizá aquellos que no afecten a la salud de forma directa tengan un mayor recorrido, siempre y cuando exista un compromiso ambiental y, como advierten los expertos, sobre todo dejará de usarse cuando prescindamos no solo de esta materia prima en concreto, sino de la comida procesada. Ir hacia un estilo de vida más saludable parece ser la clave para que tanto nuestro cuerpo como el planeta estén mejor.