Hemos rebasado 4 de los 9 límites que regulan la estabilidad del planeta
No es necesario que la ciencia venga a decirnos que la contaminación y la explotación de recursos que sufre el planeta no puede continuar al ritmo actual durante mucho tiempo sin que sobrevenga, no tanto el fin del mundo, pero sí el acabose de este mundo que conocemos. En realidad, es algo de sentido común, que no necesita estudios para saberse con meridiana claridad.

Aún así, es importante que organismos como la NASA o reputados científicos de todo el mundo confirmen con estudios eso que es tan sencillo intuir, sobre todo si se busca una respuesta institucional que detenga la locura devastadora en la que nos hallamos por culpa de una desaforada actividad humana que está llevando al colapso irreversible de la civilización moderna.

Cuando la explotación y su frenético ritmo no se detienen y se sigue avanzando hacia la extinción masiva de especies, cuando continúa disparado el avance del cambio climático y la sobrepoblación y la polución comprometen la habitabilidad del planeta, tenemos una suma de factores que derivan en una situación compleja sobre la que la ciencia puede hacer luz.

Hemos rebasado 4 de los 9 límites que regulan la estabilidad del planeta
Sus conclusiones dicen mucho sobre la dramática situación a la que nos aboca ese cúmulo de errores y de abusos, y de qué modo contribuyen todos ellos en la creación de un estado alarmante. De hecho, muchos de los más reputados científicos hablan ya de un fin del mundo (de nuestro mundo) está a la vuelta de la esquina si no hacemos algo al respecto.

Sólo unos pocos consideran que se trata de una causa perdida, con lo que por apocalípticos que sean las conclusiones de los estudios, normalmente se cree que posible una reacción in extremis in extermis. En ocasiones, se apuesta por la mudanza, como afirma Stephen Hawking, para quien el futuro de la humanidad está en otros mundos.

Traspasados casi la mitad de los límites

¿Pero, en qué punto nos encontramos,? ¿Hasta dónde ha llegado la actividad destructiva del ser humano? Investigaciones recientes concluyen que la Tierra está contra las cuerdas tras rebasar cuatro de los nueve límites que regulan su estabilidad.

Hemos rebasado 4 de los 9 límites que regulan la estabilidad del planeta
Estos límites o procesos planetarios suponen la estabilidad de la Tierra, y su ruptura o falta de equilibrio amenazan esa armonía global. En concreto, según un estudio de la Escuela McGill de Medio Ambiente de Canadá, casi la mitad de ellos han sido quebrados.

Elena Bennett, líder de la investigación, ha llegado a esta preocupante conclusión junto con su equipo, formado por 18 investigadores. Ello significa que cuatro de los procesos cruciales para mantener la estabilidad del planeta peligran a consecuencia de la actividad humana.

Los nueve límites

Los nueve límites son los siguientes: la reducción de la capa de ozono, la acidificación del océano, en tercre lugar, el uso de agua dulce (ciclo hidrológico), la cantidad de aerosol atmosférico en cuarto, la introducción de entidades nuevas, los cambios climáticos en sexto lugar, los flujos biogeoquímicos, el uso del suelo y, finalmente, los cambios que atentan contra la integridad de la biósfera.

Hemos rebasado 4 de los 9 límites que regulan la estabilidad del planeta
De acuerdo con la investigación, los cuatro últimos ya han sido sobrepasados. Nos afecta de forma aislada y también conjunta, a consecuencia de la combinación de todos ellos, y otros que todavía no hemos traspasado estamos a punto de hacerlo, y las vulneraciones son constantes y masivas, como ocurre en lo referente al cambio climático, al uso de agua dulce o, si ir más lejos, a la acidificación del océano. Sus consecuencias, además, ya están sufriéndose.

¿El resultado? Un ecosistema global desestabilizado, que aumenta el riesgo de problemas que afectan al entorno y, cómo no, al ser humano, pues el planeta es nuestra morada. Se dificulta la interacción de procesos, comprometiendo la vida de los seres vivos en términos generales y concretos. Por ejemplo, Bennett cita el caso de Toledo, España, donde medio millón de habitantes sufrió la contaminación del agua de grifo el pasado verano, a consecuencia de una toxina.