Historia del movimiento del Decrecimiento
Se habla de decrecimiento. No hace falta crecer económicamente para desarrollar la sociedad, para ganar en calidad de vida. De hecho, será mejor que nos quitemos esa idea de la cabeza si no queremos acabar con los recursos del planeta, un planeta finito que está llegando a su límite.

Ahora se habla de Decrecimiento por la crisis medioambiental que existe. Pero esta filosofía de vida que contagia a la política y a la sociedad surgió hace años en Francia. Cuando se comenzaba a hablar de “desarrollo sostenible”, una idea que sonaba muy bien, pero que se ha convertido en una excusa para que políticos y empresas sigan destrozando el planeta mientras llenan sus bolsillos. Entonces llegó otra expresión: “decrecimiento económico socialmente sostenible”, acuñada por Vincent Cheynet.

El movimiento del Decrecimiento cuenta con revistas como Silence o La Décroissance (que significa precisamente eso, decrecimiento). Se distribuyen por decenas de miles de ejemplares. La labor de promoción está teniendo sus frutos, tras muchos años. El presidente de Francia ha hablado alguna vez de decrecimiento. Para criticar las propuestas del movimiento, es verdad, pero, al menos, significa que lo conoce y que lo tiene en cuenta. Por otra parte, periodistas reconocidos, como Hervé Kempf y Nicolas Hulot, discuten el asunto del decrecimiento en el periódico Le Monde y en la televisión. El concepto está ahí y no se puede obviar.

Han tenido que pasar diez años para que esta teoría económica, social y ambiental se empiece a conocer por el gran público. En Francia, mucho más concienciados sobre el tema que en otros países. El movimiento por el Decrecimiento comenzó en dicho país en 2002.

Ahora, uno de los defensores ha publicado un libro contando la vida del movimiento. Es un joven autor, militante del Partido Socialista y que está acabando el doctorado en Historia en la Universidad de Burdeos. Clasifica y explica las distintas corrientes del Decrecimiento, apoya sus argumentos con datos y entrevistas a expertos de diferentes materias.

Cualquier elogio del crecimiento cero o, peor aún, del decrecimiento, recibe inmediatamente insultos por parte de los políticos. No es de extrañar. Es un cambio radical que hace temblar el sistema que les permite llevar una gran vida a costa de los demás y del planeta.