El hombre más ecológico del mundo: ‘Low impact man’
Vivir orientando tu existencia a un objetivo principal: reducir el impacto ambiental propio al máximo. Es la razón por la que Steve Vromman, conocido como el hombre sin huella, lucha día a día, y no le va nada mal. ¿Pero, quién es Steven Vromman, y por qué lo hace? ¿Consigue resultados que realmente valgan la pena?

Se le conoce con muchos apodos (low impact man, el hombre sin huella, el hombre más ecológico del mundo…), todos ellos con un importante componente mediático, y orientados a un mismo fin: destacar la pequeña gran heroicidad de este ciudadano belga, un auténtico maestro a la hora de superar el reto cotidiano de reducir su huella ecológica.

Su caso comenzó a difundirse en la red hace casi una década, concretamente en 2008, y desde entonces ha demostrado que se puede llevar una vida estupenda respetando el planeta. Fue entonces cuando pasó un año experimentando para reducir su huella ecológica, y el resultado ha sido realmente bueno.

El hombre más ecológico del mundo: ‘Low impact man’
Hasta tal punto que sigue haciéndolo y ganándose la vida trabajando menos horas y dando conferencias sobre su experiencia. Eco bloguero de éxito y concienciado hasta la médula sobre la importancia de comprometerse con el cuidado ambiental, su vida es un ejemplo práctico de lo que se puede lograr por cuenta propia si se pone empeño.

¿Por qué lo hace?: su motivación

Para entender por qué Vromman está metido en esto hay que entender el contexto actual. Para empezar, no es el único que se dedica a estos menesteres verdes de corte reivindicativo.

Y, obviamente, a su vez el título de “hombre más ecológico del mundo” está muy disputado. Como es fácil de entender, titular así el post obedece más a una apreciación subjetiva que a una hecho constatable, y se me ocurren otros muchos super hombres y mujeres, familias enteras, en realidad, metidos en estas batallas diarias.

El hombre más ecológico del mundo: ‘Low impact man’
Seguir sus andanzas en la red es tan sencillo como localizar sus blogs y, cómo no, buscar su huella mediática (ésta sí es profunda) en internet. Su viralidad hace que sea fácil, como ocurre con The Moneyles Man, Fergus Drennan, Mark Boyle, Heidemarie Schwermer o el neoyorquino Colin Beavan.

Este último, conocido como el “No Impact Man”, estuvo durante 365 días junto a su mujer e hija reduciendo su impacto al mínimo, y el resto de los casos son similares. Del mismo modo que, pasado ese primer periodo siguen dando ejemplo al respecto.

Beavan, precisamente, fue la inspiración de Vromman. Asesor medioambiental, considera que la ecología es el gran reto de nuestro siglo y decidió lanzarse a por todas cuando algo en su cabeza hizo clic. Justo en ese momento en el que se dio cuenta de que “explicaba a los demás cómo salvar el planeta, pero no lo aplicaba”.

“Me pregunté: ¿y si hago todo lo posible por no contaminar?”, y pasó a la acción para intentar cambiar las cosas. Servir de ejemplo podría ser importante para muchas personas, pensó. Le motivaban sus valores ambientales, y también poder dejar a Adam y Marieke, sus hijos, un mundo mejor.

¿Cómo lo hace?: buscar alternativas

Vivir al filo de la huella de carbono cero no tiene por qué significar perder calidad de vida. En el caso que nos ocupa, cambió el coche por la bicicleta y además de climatizar solo hasta los 15 grados centígrados aisló su casa para poder soportar el frío más fácilmente.

El hombre más ecológico del mundo: ‘Low impact man’
“Solo hay que ponerse más ropa. ¡Habría sido peor en Rusia!”, explica en su blog (lowimpactman.be). Tengamos en cuenta que gastar la menor energía posible, sobre todo la procedente de combustibles fósiles es su principal modo de lograr esa huella cero.

Gastar menos agua también es un objetivo clave, y para ello recolecta el agua de lluvia y se ducha en un barreño con jabón vegetal. Su gasto de agua diaria (solo usa el agua del grifo para beber y cocinar) es de unos 14 litros, la décima parte que la media en su país.

Y, en fin, busca alternativas ingeniosas (unas vacaciones las pasó en Suecia llegando hasta allí en velero) o no tan ingeniosas, que requieren un mayor o menor sacrificio en el consumo, la ropa o, por ejemplo, la obtención de energía para conectar el ordenador, cuya batería carga gracias a una bicicleta con una dinamo que la genera a golpe de pedal.

El hombre más ecológico del mundo: ‘Low impact man’
Ya en la cincuentena, lleva una vida activa, y gana suficiente dinero para vivir con sus conferencias. Su balance es muy positivo. Considera que sale ganando porque su vida es “más sana, más barata, más tranquila, mejor”.

Sus resultados: menos huella, más feliz

Más allá de su satisfacción personal, sus logros durante el año en el que llevó a cabo su proyecto familiar de reducir al mínimo su huella se pueden medir en cifras. Su consumo diario de electricidad fue de medio kilovatio, lo que supone un 160 kWh al año, frente a un promedio de 3.500 kilovatios.

Reducción drástica del consumo de gas destinado sólo a cocinar los alimentos y, puesto que también lo usaba para la calefacción, el límite de los 15 grados fue decisivo para lograrlo.

El hombre más ecológico del mundo: ‘Low impact man’
Ahorro de alrededor de un 20 por ciento, con lo que pudo permitirse trabajar a media jornada en su misma área de asesoría medioambiental. Gracias a ello puede pasar más tiempo en familia y disponer de energías para ser más activo en la política local con el objetivo de ayudar a que cambien las cosas.

Una vez finalizado el experimento, para el que se preparó durante meses documentándose a fondo, además de su éxito se lamentó de no haberlo hecho antes. Ahora sigue con el mismo estilo de vida de bajo impacto. Simple y llanamente, se siente “más feliz”.