Impuesto sobre la contaminación
El impuesto sobre la contaminación y los electrodomésticos que consumen más energía es una realidad en varios países. Ahora se prevé que en Francia también lo sea a partir de principios de 2010. La medida afectaría tanto a profesionales como a particulares, pagando cada uno de ellos 32 euros por cada tonelada de CO2 que emitan. Con ello se busca potenciar el uso de productos respetuosos con el medio ambiente y hacer cambiar forzosamente los hábitos de los consumidores franceses.

Todos los dispositivos que funcionen gracias a combustibles fósiles serán gravados con este impuesto y la electricidad también podría ser incluida. La medida se aplicará tanto en el sector del transporte como en el del alojamiento. Se calcula que cada hogar pagará entre 170 y 300 euros anuales.

Suecia es el mejor ejemplo de que este tipo de impuesto puede funcionar muy bien. Allí, las denominadas ecotasas llevan funcionando desde 1991 con éxito. De hecho, desde 1996 a 2006 las emisiones de dióxido de carbono se han visto reducidas en un 16%. La fiscalidad verde actúa con eficacia en el país nórdico.

En Dinamarca esa misma medida se adoptó tan sólo un año después, en 1992. Cada tonelada de CO2 se grava con 12 euros y el consumo de electricidad se paga a 80,2 euros el megavatio/h si se destina a la calefacción, 8,6 euros el megavatio/h si se destina a la industria y 89,5 euros el megavatio/h si se destina a otros usos.

Canadá también es un país digno de ser mencionado. Fue pionero en la creación de un impuesto medioambiental aplicado a partir de 2007 en el que se grava el gas natural, el petróleo, la electricidad generada mediante gasoil y el carbón. Los 131 millones de euros que se consiguieron recaudar fueron destinados al desarrollo de los transportes públicos y a diferentes acciones medioambientales que favorecieron tanto a los habitantes como al ecosistema.