Incluso el más pequeño animal puede cambiar todo el planeta
Los bosques norteamericanos, desde México hasta Canadá, están sufriendo un ataque. Pero esta vez no podemos echar la culpa al hombre (al menos, directamente). El culpable es un pequeño insecto que destroza la corteza de los árboles.

El insecto en cuestión es un escarabajo al que se denomina descortezador y que mide más o menos lo que un grano de arroz. Este pequeño coleóptero ha arrasado una quinta parte de los bosques del oeste de Estados Unidos. Los científicos atribuyen este fenómeno al cambio climático, así que, finalmente, quizá sí tengamos que echar la culpa a la raza humana. El habitual color verde de las laderas montañosas que discurren desde Nuevo México, en Estados Unidos, hasta Alberta, en Canadá, tras el paso de esta plaga, desprenden un color entre rojizo y marrón. Dos de los más importantes parques nacionales naturales estadounidenses peligran: el de Yellowstone y el de las Montañas Rocosas.

Expertos de diferentes disciplinas trabajan para erradicar la plaga: entomólogos, agentes forestales y gestores de bosques intentar frenar la que ellos mismos consideran la mayor masacre de árboles conocida en la historia de América del Norte. Y no es que el escarabajo descortezador sea una especie invasora. Lo que ha ocurrido es que la sequía que se ha experimentado en la última década y la subida de las temperaturas han provocado una expansión del insecto sin precedentes.

El comportamiento de este escarabajo es el siguiente: encuentra un pino robusto y sano, de entre ochenta y cien años y de unos diecisiete centímetros de diámetro, y se instala en él, alimentándose de los nutrientes que le proporciona el árbol e infestando de larvas su corteza. Pasado el invierno, las larvas eclosionan y emulan a su progenitor, alimentándose del pino. Como media, el escarabajo descortezador tarda dos años en “desgastar” un pino. El problema es que tienen que pasar setenta años para que otro pino llegue a ese tamaño.

Hace años, se llegaba a temperaturas de más de 20 grados centígrados bajo cero, un frío helador que destruía cada año a la mayoría de los escarabajos descortezadores. En la última década, temperaturas tan extremas no son tan habituales y el insecto sobrevive a lo más crudo del crudo invierno. Hay que sumar que los pinos son más débiles por la escasez de agua. En algunas zonas, la mortalidad de los pinos ha llegado al 95%.

El pino intenta defenderse del ataque y su corteza supura gran cantidad de resina. Ésta es la causa de que los árboles enfermos tengan un extraño aspecto que parece como si se estuvieran derritiendo.

Pero las fatales consecuencias no terminan con la muerte de los árboles. En las zonas atacadas es mucho más fácil que se produzcan incendios y, además, el suelo se erosiona con rapidez. En algunos bosques, como el de Yellowstone, el desastre puede afectar a las amenazadas poblaciones del oso pardo y del salmón. Por si todo lo anterior fuera poco, desaparecen grandes sumideros de dióxido de carbono que se convierten en emisores, lo que contribuye a que continúe el cambio climático.