Inventan carne de pollo que podría engañar a una gallina
Este pollo tiene la virtud de atraer por igual a veganos y a carnívoros. Su encanto no es otro que parecer lo que no es, y estar libre de cosas tan feas como grasas, antibióticos, esteroides, hormonas y, sobre todo, de sufrimiento animal. Lo fabrica la empresa Beyond Meat, y está causando auténtica sensación en los restaurantes estadounidenses, como la famosa cadena Whole Foods. ¿Lo mejor? Quienes lo han probado afirman que cuida el paladar y también el bolsillo. Pronto se venderá también en forma de pechugas de pollo para comprar cruda, como hacemos en cualquier tienda o carnicería, y a un precio inferior a la misma carne.

Lo que ha impactado de este pollo de laboratorio es que, a diferencia del resto de sustitutos de la carne del mercado, ésta da el pego como ninguna otra, pues su sabor es indistinguible al “tener una textura fibrosa, y un sabor limpio, imposible de diferenciar de la carne auténtica”, explica Ethan Brown, fundador de la compañía que hace el pseudo pollo. ¿Pero, dónde está el secreto?

Sus creadores, como es lógico, no nos desvelan su magia, pero sí sabemos que no tiene gluten y sí mucha proteína vegetal. Básicamente, se trata de una mezcla de polvo de soja, guisantes, fibra de zanahoria y harina sin gluten sometida a un proceso de cocción y enfriamiento, con un resultado que imita la sensación de comer carne.

Ética, sana, rica y barata

Sin duda, se trata de un invento redondo, que puede convertirse en el rey de la alimentación ética, saludable y rica, riquísima, en este gallinero humano en el que a unos nos ha tocado vivir y a otros malvivir o morir porque sí. Además, se ha revelado como un arma eficaz para cambiar conciencias o, mejor, hábitos de consumo, sin necesidad de utilizar vanas palabras ni mostrar cruentas imágenes de maltrato animal a mentes anestesiadas. Aunque ello, por desgracia, suponga constatar que en la mesa no se perdona un buen trozo de carne.

La inventaron Fu-hung Hsiefh y Huff Harold, profesores de la Universidad de Missouri, que trabajaron durante toda una década para dar con la fórmula, pero la comecializa Ethan Brown, animalista de pro que tiene la licencia en exclusiva. Brown es un vegano de corazón relacionado con la Sanctuary Farm, una importante asociación para la protección de los animales de granja, es decir, con la crème de la crème del respeto animal. Su intención no era otra que alimentar cuerpo y alma con un sucedáneo verdaderamente logrado de un alimento tan básico como el pollo. Lo que no esperaban era este éxito tan brutal e inmediato, ni tampoco que estuviera tan rico. Delicioso, en todos los sentidos.