Inventan un plástico que puede comer la fauna marina
Si en tierra firme el drama de la deforestación es uno de los principales desastres medioambientales, los plásticos no son un problema menor, sobre todo en los océanos. Ahora, sin embargo, las cosas podrían cambiar. Aunque este plástico biodegradable y comestible todavía es un invento recién creado, su gran potencial para preservar la vida marina abre las puertas a un cambio radical de modelo en la producción de plástico.

No se trata de crear un plástico biodegradable, por otra parte una solución a medias, ya que en muchos casos para descomponerse precisa de unas condiciones ambientales que en el medio marino no se cumplen. La solución propuesta, una iniciativa de una pequeña cervecería artesanal estadounidense, consiste en transformar el problema en alimento para la fauna.

Si bien es cierto que lo ideal es evitar su uso y, en caso de hacerlo, reutilizarlos antes de que se conviertan en desechos, separarlos al tirar la basura y reciclarlos, si el plástico llega al mar y amenaza el hábitat océanico y la vida de sus especies, esta solución se revela como una fórmula idónea para degradarse en apenas unos meses y conseguir que los animales no sufran las consecuencias.

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Sin embargo, a gran escala tiene todas las papeletas para alterar los ecosistemas, pero eso es adelantar acontecimientos. Por lo pronto, la propuesta de Salterwater Berry, empresa cervecera de Florida, ha lanzado un bioplástico amigable con los animales marinos. Es más incluso pueden hincarle el diente sin riesgo alguno, pues es comestible.

Adiós a accidentes e intoxicaciones

Los fundadores de la empresa, creada hace apenas tres años, se autodefinen como un grupo de “pescadores, surfistas y amantes del mar”, razón por la que han decidido crear este anillo de plástico para su pack de media docena de latas.

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Su idea es no tener que esperar a que la sociedad realmente se conciencie al respecto ya actuar desde ya con este plástico que, según afirman, se degrada en el agua sin contaminar el entorno, evitando que las tortugas u otros animales queden atrapados en ellas.

Es decir, aves marinas, peces y tortugas, pongamos por caso, no morirán extranguladas ni sufrirán intoxicaciones u obstrucciones en su aparato digestivo. Compuesto por cebada y trigo, el plástico acaba en el mar del mismo modo que lo hace el alimento en forma de copos que introducimos en las peceras.

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Sería interesante, sobre todo, que cundiera el ejemplo y otras empresas que enlatan cervezas o refrescos también usaran estos anillos biodegradables. Según cuentan sus impulsores muchas compañías están interesándose por ellos. “Más de 50 fábricas de cerveza quieren implantarlas y la gente ama este tipo de iniciativas, con lo que solo se trata de ponerse en marcha”, apunta Chris Gove, cofundador.

De hecho, este tipo de plásticos convencionales con forma de anillos para sujetar latas de refrescos son especialmente dañinos a la hora de provocar accidentes, como puede verse en infinidad de imágenes en las que las tortugas son sus principales víctimas.

Pero no solo las tortugas, pues otras especies marinas también se enredan en ellas y, por otra parte, son plásticos que degradan el medio ambiente, pudiendo viajar miles de kilómetros, y acabar en los polos arrastradas por las corrientes de agua.

Afrontar el desafío

Esta pequeña gran contribución para ayudar a solucionar el drama ambiental que suponen los desechos plásticos en ecosistemas marinos, de dimensiones gigantescas, hasta el punto de ser desconocidas y no dejar de crecer, se suma a algunas curiosas iniciativas que también han acaparado la atención mediática.

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Todos distintos, inventos de lo más variados, pero todos tienen en común un mismo deseo de cambiar las cosas, al margen de lo complicada que sea la empresa. En este caso, plantearse el problema, no resignarse, fue el inicio de todo: “Tenemos una isla de plástico flotante en el Pacífico del tamaño de Texas. No debemos seguir hablando de nuestras vidas alegres, mientras esas basuras están ahí fuera dando vueltas en el Pacífico, y tenemos que hacer algo al respecto”, concluyen.

E hicieron que sucediese, pero su solución puede mejorarse, y en ello están. A día de hoy, el precio del pack ha aumentado 15 céntimos y el objetivo es lograr una producción más eficiente que no aumente los costes. Será clave, explican, para conseguir que la propuesta se difunda, si bien su objetivo va más allá de este proyecto.

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Conscientes de lo valiosa pero a la vez pequeña que es su contribución, quieren aprovechar la viralidad de su iniciativa para “servir como fuente de inspiración” de cara a hacer otras muchas cosas en esta misma dirección.

Habida cuenta de la urgencia que existe al respecto, sería una excelente noticia, qué duda cabe. Según un reciente informe de la ONU, publicado esta semana, el problema de los desechos plásticos que se acumulan en los mares debería ser un problema prioritario. “Hay un argumento moral imperativo que no debería dejarnos permitir que el océano esté cada vez más contaminado con residuos de plástico. Tirar basura marina se debe considerar una preocupación común de la humanidad”, dicen los autores del informe.

En el trabajo, por último, también se alerta sobre la “falsa solución” que suponen muchos plásticos biodegradables que no pueden descomponerse en el medio marino por falta de una adecuada temperatura, con lo que acaban siendo un factor más de contaminación. Como solución, señalan reducir el uso del plástico y mejorar la eficacia de la recolección de desechos plásticos, así como su reciclaje.