Japón teme el inminente despertar del Monte Fuji
Lleva tres siglos en silencio, pero el Monte Fuji, la cima más alta de Japón, podría despertar en cualquier momento, advierten científicos del país, cuyos cálculos indican una presión en la cámara de magma del famoso volcán superior a la que había en el momento de su última erupción en 1707.

Su artística estampa junto a almendros en flor en los cuadros y, en general, su habitual aparición todo tipo de creaciones artísticas japonesas nos recuerdan que el Monte Fuji es el emblema japonés por excelencia, un símbolo divino, y lo más fotografiado del país. Pero este cono volcánico podría empezar a desdecir su idílica imagen escupiendo auténticos ríos de fuego o, tal y como ya ocurrió hace más de trescientos años, gigantescas nubes de ceniza.

El anuncio de su posible erupción se hizo en el mes de mayo pasado, tras descubrirse una falla activa en su interior, pero ahora se han disparado todas las alarmas al conocerse la mencionada conclusión de una investigación realizada por el Instituto Nacional Japonés para la Prevención de catástrofes.

En concreto, la presión en la cámara de magma del volcán habría llegado a los a 1,6 megapascales, una cifra que no sólo es superior a su última erupción, sino que además puede derivar en una erupción por superar la presión de los 0,1 megapascales, una cifra a partir de la cuál podría empezar a dejar sentir su furia.

El Monte Fuji se encuentra a 3.776 metros de altura, y su bella forma no ha sufrido cambios significativos a lo largo del tiempo. Ni siquiera las erupciones del pasado lo han conseguido. El futuro, sin embargo, es una incógnita que tiene al país en vilo.

No en vano, en 1707, si bien no produjo lava, la erupción llenó la atmósfera de un gran volumen de cenizas volcánicas (800.000.000 m³), llegando hasta Edo, situado a 100 km del monte Fuji. En aquel entonces, la erupción ocurrió en el lado sudoeste del monte Fuji, creando tres nuevos y amenazantes cráteres.