Japón y la caza de ballenas una vez más
Ya hemos comentado la difícil situación del atún y del boquerón, que es probable que se extingan si se sigue con el ritmo de captura actual. ¿Y qué ocurre con las ballenas? Los japoneses siguen capturándolas casi sin control. Por ello, su gobierno está siendo presionado por diferentes países, en especial, por Australia (y no es la primera vez), para que detenga la caza de los grandes cetáceos en el océano Antártico. Sin embargo, Japón continúa con la actividad amparándose en que la realiza con fines científicos, razón que la mayoría consideran una excusa barata (o una mentira, directamente). En otras palabras, las tradiciones del país nipón y el poderoso grupo de presión ballenero tiene mucho más poder que los defensores del medio ambiente. Hasta el punto de que el gobierno de Japón está considerando retirarse de la Comisión Internacional Ballenera (CIB).

Esta decisión ha sido anunciada por el ministro de Agricultura, Silvicultura y Pesca de Japón y puede estar impulsada por la más reciente presión que han recibido los países balleneros y que ha provenido precisamente de la CIB. En abril de 2010, la organización propuso cambiar la política de la caza de ballenas: permitir su captura durante diez años, pero bajo estrictos límites establecidos que reducirían el volumen de capturas. En términos prácticos para el citado país, significaría que su cuota anual de 935 ballenas minke antárticas se reduciría a 400 durante los próximos cinco años y a 200 para los siguientes cinco. Ésta parece ser una medida que Japón no está dispuesto a cumplir y ha amenazado con retirarse de la organización en otras ocasiones.

En todo caso, Japón parece dispuesto a negociar las condiciones de su caza de cetáceos en la próxima reunión de la Comisión Ballenera Internacional (CBI), que se celebrará en breve en Marruecos, aunque aún no ha decidido su postura en caso de no llegar a un acuerdo. Un portavoz de la Agencia japonesa de Pesca aseguró que Japón “entiende” los llamamientos para que se limite la caza de los cetáceos y comprende, al mismo tiempo, que “se puede negociar”.