Koshik, el elefante que habla en coreano pero no entiende ni papa de lo que dice (vídeo)
Koshik habla como los humanos, y no es broma. Este elefante asiático ha logrado algo tan increíble como imitar el tono y el timbre del habla humana, siendo capaz de decir hasta cinco palabras en coreano, el idioma de sus cuidadoras en el zoo donde pasó sus primeros años de vida. Por lo tanto, puede afirmarse sin ningún género de dudas que existe un elefante parlante que sabe más coreano que la mayoría de la población mudial.

Es decir, si el bueno de Koshik nos dice algo así como “annyong” (hola en coreano), deberemos devolverle el saludo si deseamos ser corteses, aunque no entenderá ni papa o, al menos, lo cierto es que hasta ahora los científicos no han conseguido evidencias de que comprenda lo que pronuncia.

Las otras cuatro palabras que expresa con total claridad son “anja” (sentarse), “aniya” (no), “Nuo” (acostarse) y “choah” (bueno). Fue curiosa o, mejor, digamos surrealista, la siguiente conversación documentada mantenida por el paquidermo con uno de sus cuidadores que, para qué engañarnos, es un auténtico diálogo de besugos:

Koshik: “Choah” (bueno)
Entrenador: “Choah choah annyong” (bueno bueno hola)
Koshik: “Choah” (bueno)
Entrenador: “Choah choah annyong” (bueno bueno hola)
Koshik: “Choah” (bueno)
Entrenador: “Choah choah” (bueno bueno)
Koshik: “Choah” (bueno)
Entrenador: “Annyong” (hola)
Koshik: “Choah” (bueno)
Entrenador: “Annyong” (hola)

Además de recordar al famoso chiste de las zapatillas buenas, muy buenas, (Entra uno en una zapatería y dice: —Buenas, ¿tiene zapatillas? —Muy buenas. —¿Que si tiene zapatillas? —Muy buenas), la conversación en sí tiene un significado en clave de socialización para el elefante.

Aprendió para sentirse uno más

Según los científicos que han estudiado el caso, el hecho en sí de que se produzca un diálogo es debido a la anómala socialización del elefante, que hasta sus cinco años de edad entrenó sus habilidades sociales con humanos, con el resultado de aprender algunas palabras para adaptarse a éstos, a los que él considera su manada, su familia.

La intención de Koshik, por lo tanto, habría sido la de sentirse integrado en su grupo y, de este modo, el habla habría sido el modo que encontró para intentar fortalecer los lazos sociales con sus integrantes. Es decir, con las cuidadoras, que le hablaban en coreano y le decían una y otra vez, justo lo que la criatura acabó aprendiendo.

Koshik, el elefante que habla en coreano pero no entiende ni papa de lo que dice (vídeo)
Para pronunciar las palabras, Koshik necesita meterse la trompa en la boca, un ingenioso truco que ha sorprendido a propios y extraños, pero sobre todo a los investigadores de la Universidad de Viena, quienes detallan este particular en el artículo publicado en la revista Current Biologya. Su explicación, por cierto, no es otra que el intento del animal por adaptar sus capacidades vocales o fisiológicas al habla humana.

En el mismo artículo también se relata que el hecho insólito podría haberse debido a que era el único elefante en el zoo de Everland, en Corea del Sur, justo cuando tenía una edad crucial para socializarse, coincidiendo con el primer lustro de vida, curiosamente, al igual que ocurre con las personas.

Elefantes que hablan en ruso y kazajo

Muy probablemente, Koshik no sea el primer elefante que habla en plan lorito, es decir, el primero en imitar los sonidos empleando una vocalización humana. Se conocen casos anteriores de elefantes que imitan sonidos, como el motor de un camión, o también algunas palabras en kazajo y ruso, pero no se ha estudiado científicamente, como sí ha ocurrido en este caso.

La gran pregunta es saber si Koshik sabe comunicarse con otros elefantes o si sólo les espeta palabras en coreano, es decir, si el pobre animal ha acabado siendo víctima de una triste humanización que lo incapacita para tratar con otros ejemplares de su misma especie.

Recordemos que los elefantes no sólo emiten los típicos y agudos trompeteos, pues recientemente se ha descubierto que también gruñen sonidos inaudibles para el ser humano. Tan baja es su frecuencia que sólo escuchamos un tercio de sus sonidos cuando ellos los oyen, incluso, a varios kilómetros de distancia. Y, como guinda del pastel, un par de preguntas más: ¿Koshik hablará ese fascinante lenguaje secreto y, sobre todo, lo entenderá o, como mucho me temo, el pobre también andará en esto despistado y medio?