La biodiversidad, clave para salvar a las abejas
La agricultura moderna y el ladrillo son enemigos mortales de las abejas. En la mayoría de los casos, tanto los cultivos intensivos como la imparable urbanización suponen una invasión de áreas ricas en biodiversidad, acabar con ellas y, tristemente, transformarlas en desiertos ecológicos, auténticos eriales, incompatibles con la importante, esencial labor polinizadora que desempeñan las abejas.

Y es que las abejas necesitan eso eso que tanto molesta a los agricultores o a los paisajistas urbanos, esa biodiversidad perdida, las flores silvestres, toda esa naturaleza que llamamos malas hierbas. Pero no sólo eso, porque además de carecer de ella, el uso de pesticidas también diezma sus poblaciones, en muchas ocasiones llevándolas a un punto de no retorno que pone en jaque nuestra supervivencia como especie.

Su supervivencia es también la nuestra

En efecto, el uso y abuso pesticidas castiga los entornos naturales y constituye un veneno para animales de todo tipo, incluyéndonos a nosotros, y contribuye a reducir la biodiversidad, de un modo nefasto para las abejas, polinizadores claves para el mantenimiento de los ecosistemas, de los que depende la seguridad alimentaria a nivel mundial.

Son palabras mayores, qué duda cabe, pero en absoluto exageradas. En este caso, no es necesario caer en dramatismos, porque desde hace unos años, la realidad es ya lo suficientemente dramática. Hasta tal punto que podemos afirmar que su declive en todo el mundo es preocupante y requiere de medidas urgentes para evitar que acaben desapareciendo, y nosotros con ellas.

La biodiversidad, clave para salvar a las abejas
En los últimos años no dejan de sucederse los estudios, a cual más pesimista, sobre la crisis que sufren las abejas, tanto las silvestres como aquellas otras que producen miel en colmenas prefabricadas. Son miles de especies, alrededor de 16.000, y se cuenta por miles de millones, pero ello no significa que haya suficientes. Muy al contrario, su progresiva desaparición parece no poder detenerse, y toda cuenta atrás tiene un final escrito. En este caso, si la tendencia no se revierte, será cercano.

La importancia de la biodiversidad

Un reciente informe europeo, el último publicado al respecto, concluyó que una de cada diez especies se encuentra en peligor de extinción, y se espera que el porcentaje aumente en un futuro próximo. La situación no es mejor en tierras americanas, pongamos por caso, donde hay más de 4.000 especies de abejas salvajes.

La biodiversidad, clave para salvar a las abejas
En Estados Unidos, la situación llegó a una situación terrible en el invierno del 2006. Fue entonces cuando se sufrió el fenómeno conocido como el Colapso de colonias, que ha causado estragos en las abejas de miel. En promedio, cada invierno los apicultores pieden un tercio de sus colmenas de abejas, y las abejas silvestres también están de capa caída.

Un nuevo estudio llevado a cabpo por científicos californianos del Lockeford Plant Materials Center considera que su salvación está en la diversificación de la flora. En concreto, se espera poder ayudarlas con una mezcla de plantas que podría ser la combinación idónea para atraer mayor cantidad de abejas durante la primavera y el verano.

La biodiversidad, clave para salvar a las abejas
Dar con la combinación adecuada podría hacer una gran diferencia e impulsar las poblaciones. Sin embargo, salvarlas sólo sería posible contando con la colaboración de los agricultores, que deberían plantar diferentes flores silvestres para incentivar la polinización. Lo harían bien en sus cultivos productivos o en otros que tuvieran en barbecho, además de otras zonas estratégicas.

Por su parte, los agricultores obtendrían ventajas, pues verían aumentada la polinización de sus cultivos. Además, los científicos han descubierto que su propuesta también ayuda a retener agua y mejorar la tierra.

Las jardines, reservas de biodiversidad

La campiña inglesa, por último, es un ejemplo fantástico para entender el impacto que puede llegar a tener la deforestación para los insectos polinizadores. El país tiene menos de un 10 por ciento de sus bosques originarios, cuyo lugar ocupan cultivos y urbanización. De acuerdo con un estudio de la Universidad de Sheffield, los jardines son un refugio esencial para la vida silvestre que ha expulsado la moderna agritultura y el ladrillo.

La biodiversidad, clave para salvar a las abejas
Por lo tanto, también nosotros podemos hacer mucho para que estos insectos y otros pequeños animales, como lagartijas o pájaros puedan encontrar un lugar donde refugiarse. Atraer la biodiversidad en pequeños jardines es un modo sencillo de contribuir a equilibrar el medio ambiente.

Los expertos aconsejan no pavimentar el suelo, olvidarnos del césped de plástico y de los pesticidas. Tampoco es conveniente recurrir a plantas foráneas que, por un lado, no se adaptan bien a la climatología y, por otro, resultan más difíciles de cuidar. Lo ideal, convertir nuestro jardín en un entorno acogedor para nuestro espíritu y también para la flora y la fauna local.

La biodiversidad, clave para salvar a las abejas
Además, eligiendo plantas autóctonas podemos hacer de nuestro jardín una pequeña reserva de especies vegetales locales en peligro de extinción. Ello no significa dejar que las plantas crezcan junto con las malas hierbas, de forma caótica. Ni mucho menos. Se necesita planificación, conocimientos tanto para saber qué queremos conseguir y cómo vamos a hacerlo. En un pequeño espacio tienen cabida desde zonas más salvajes hasta otras más jardinería más convencional, piedras superpuestas para crear microhábitats o, por ejemplo, incluso un bonito estanque donde poder tener peces, ranas y flora acuática. Todo vale siempre que tenga un sentido y sea de nuestro agrado.

El esfuerzo valdrá la pena. Una vez conseguido nuestro objetivo descubriremos algo maravilloso. Y es que, cuando el entorno atrae a la biodiversidad se crea una atmósfera muy especial y única, tan natural como mágica.